miércoles, 30 de septiembre de 2015
SOLSONA.- 30-9-2015
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Solsona es un pequeño municipio de la provincia de Lérida, de apenas poco más de 9.000 habitantes.
Le fue conferido el título de Ciudad por, nada menos y nada más que, el rey Felipe II. Casi nada, ayer.
También es la residencia del Obispo. Es decir del Obispado.
Los obispos en su circunscripción suelen tener mucho trabajo. Son muchas las parroquias a su cargo, y los curas, hoy día, no siempre caminan por los senderos correctos, y su conducta e indisciplina algunas veces no son las perfectas y deseadas. Al fin y al cabo son hombres.
Pero hay leyes morales, escritas o no, que todo HOMBRE, nunca debe traspasar.
La Patria, y su unidad es un sentimiento que todos llevamos dentro. Está por encima del concepto de DEMOCRACIA, o de DICTADURA. Estas pueden cambiar, la Patria es inviolable.
Solsona siempre ha estado dentro de la Patria, primero de Aragón y después de España. Todo aquél que quiera cambiarlo es un traidor, un egoísta, en definitiva una mala persona. Sobre ella debiera caer el peso de la Ley con castigos duros y ejemplares y evitar en el futuro enfrentamientos en los que la sangre regara los campos, y la miseria el vivir de nuestras gentes.
Pero ah!. Nada menos que un Obispo, el obispo de Solsona, se cree con derecho a infringir las leyes, y lanza, nada menos que en la iglesia, sentimientos de desunión contrarios a la Historia y a las leyes que nos rigen.
Y nadie se mete con él, ni nadie le castiga. ¿Dónde encontrará este cretino mayor libertad?.
Apelo a las Autoridades del Vaticano para llamar la atención a este desalmado, que no merece el mínimo respeto ni ocupar el cargo que tiene.
Y que la Virgen Santísima, amorosa madre de todos, le perdone tanta imprudencia e insensatez.
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