domingo, 1 de noviembre de 2015

CIVISMO 31/10/2015 __________________ España es un país de grandes cualidades no vamos aquí a enumerarlas, aunque destacar que al mar Pacífico se le llamaba “mar español”, y de las que todos –menos algunos malnacidos que ahora no quiero ni nombrar – nos sentimos orgullosos. Pero me avergüenza compararnos con otros países europeos en cuanto a comportamiento cívico se refiere, por ejemplo: Tiramos las colillas al suelo. Tiramos igualmente papeles, y desechos. Escupitajos, y restos de chicle.(las aceras hablan) Muchos no recogen los excrementos de sus perros Algunos jóvenes no ceden el paso los mayores. Chillamos: chillamos mucho por las calles, y hablamos muy alto en cafés y otros sitios cerrados, molestando a los que están, sentados o no, cerca de nosotros. Nuestras opiniones son las únicas verdaderas. Las de los demás son tonterías de gentes ignorantes. Los jóvenes de hoy no ceden el paso a los demás en edad, ni los respetan en sus ideas llenas de experiencia. Muchos políticos no van a servir, sino a servirse. Recuerdo a uno del PP., valenciano, cuando ganaron las elecciones que dijo a los cuatro vientos “nos vamos a forrar”. Hoy, hay otro, de Castilla la Mancha, jubilado, que cobra 12.000 euros al mes “ Y no le da vergüenza”. La dignidad, el honor y la bondad, virtudes que son patrimonio del alma para todo “biennacido”, son ignoradas o desconocidas para muchos. Los españoles, en general, aceptamos con humildad y obedecemos las normas que nos parecen justas y sensatas. Por ejemplo, la prohibición de fumar en lugares cerrados. Hoy día, ya nadie lo hace. Y los cafés ponen una o dos mesas en la calle para aquéllos que quieren hacerse un pitillo, que, por cierto, son cada vez menos, y también menos los enfermos por este motivo de cáncer. SOLUCION: Normas del poder político. Normas difundidas, sin cesar, por todas las televisiones y radios, diariamente y con carácter obligatorio. Al sentirnos orgullosos de la limpieza de nuestras calles y plazas, las aceptaremos TODOS y las cumplimentaremos sin rechistar. Y no nos sentiremos avergonzados ante algunas de las sonrisas que advertimos en los turistas que nos visitan.

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