ANHELO 16/8/17
Quisiera tener el talento de los filósofos griegos.
Quisiera que me envolviera la sabiduría de Salomón.
Quisiera que mis fuerzas superaran las de Hércules.
Quisiera que mi filosofía aclarara, de una vez, todas mis
dudas.
Quisiera que todos los hombres fueran sensatos.
Quisiera que todos fueran dignos.
Quisieras que todos fuéramos santos.
Que de una vez, por todas, nos diéramos cuenta que nuestra
estancia en este mundo es apenas un segundo dentro de una eternidad.
En consecuencia que nuestros
pensamientos y sobre todo nuestras obras, se ajustaran a un código de total
justicia.
No habría, como ahora, explotadores ni explotados.
Fuertes y débiles.
Habría paz en los corazones y en las conciencias.
Que hay un SER INFINITO, que pensó en mí desde la eternidad.
Y aunque soy FINITO me dio una parte suya, y me hizo copartícipe
de su Universo, y por tanto, permaneceré a su lado por toda una eternidad.
Como consecuencia, SOY INMORTAL.
Pero tengo que tener “buen tino” al andar. El camino está
lleno de pedruscos y matorrales antes de llegar a la “puerta”.
Allí me espera mi Creador con una sonrisa y los brazos
abiertos para acogerme.
Allí me espera la paz y felicidad que muchas veces se me
niega en este mundo.
Haré, pues, el camino. con sabiduría, en paz y la posible
felicidad.
Por tanto: Ayudaré a quien pueda. Le prestaré mi bastón.
Dejaré que se apoye en mi brazo. Nunca me quejaré de nadie. Intentaré comprender
sus defectos. No tendré en cuenta sus ofensas.
Quizás no pueda amarle, pero que nunca pueda odiarle.
Levantaré mi corazón a Dios y rezaré todos los días.
Tengo obligación de agradecerle el que existo y esté vivo para
hacerlo.
Nunca seguiré a ignorantes que TE NIEGAN, ni a ambiciosos
charlatanes.
El camino está marcado. No me desviaré de él.
Es lo que hay.
Dos y dos son cuatro. Nunca pueden ser cinco.
La verdad es UNICA. La mentira innumerable.
Veo el CAMINO. Es recto. Se pierde en el horizonte.
No bebo para resbalar y no seguirlo.
Y si, a pesar de todo, resbalo y caigo al precipicio, no me
lo tengas en cuenta, Dios mío. Te ruego alargues TU brazo y me vuelvas al
camino.
Te quiero, Dios mío.
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