MEDITACIONES 4/8/18
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Al dejar la niñez, todo ser humano debe tener claro qué es lo
que va hacer en adelante.
Deberá reflexionar profundamente sobre qué le gustaría hacer
y tomar decisiones serias encaminadas a lograr sus propósitos.
Por una parte conseguir los conocimientos necesarios e
imprescindibles, bien sea estudiando con seriedad, o bien practicando hasta conseguir
ingresos suficientes para independizarse de sus padres, y realizar su propia
vida.
Ello le permitirá llegar a tener las pareja que le gusta, y formar
su propia familia.
Es decir, no ser nunca un chiquiriquate. Tener una idea seria
del propio valor, unas creencias firmes de que aquí “estamos de paso” y que hay
un SER y una fuerza muy superior que nos ha traído a este mundo y que cuando “quiera”
nos llevará al futuro.
Esta firme creencia en un SER superior hará que nuestra conducta
sea siempre recta, seria y en consecuencia ayudaremos, si podemos a los más cercanos
y nunca los ofenderemos.
Es decir, siempre seremos “hombres”, y nunca “bestias” aprovechándonos
del próximo.
Al sentirnos “dignos”, nos sentiremos orgullosos, y como
consecuencia, felices.
Y no hay más secreto.
Cumplir siempre con nuestro deber, olvidarnos de todo lo que
nos desagrada, como por ejemplo tener un Presidente de Gobierno que no sabes
quién le ha votado, y llevar con paciencia todas esas pequeñas cosas que las
personas cercanas hacen y que no nos gustan del todo.
Vivir es armarte de paciencia.
Cada uno piensa distinto, y es necesario convivir.
Se llama educación.
Ver y callar.
Y rezar, rezar y rezar.
Dios nos mira y juzga.
¿Quién no tiene defectos?
¡Hay tanto egoísmo!
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