viernes, 12 de octubre de 2018


NO COMPRENDO   12/10/18
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Hay muchas cosas en esta vida que, a pesar de mis años, no alcanzo a comprender. Veamos:
En muchos países, hoy día, está escandalizando el comportamiento de muchos sacerdotes por abusar de niños.
Es una de las principales preocupaciones que tiene hoy nuestro Papa.
Pero no debiera extrañarnos. El modo que tiene la Iglesia de reclutar sacerdotes es completamente irregular.
Muchos niños, sin medios ni para comer, son enviados a los Seminarios, y allí permanecen y terminan por ser Ordenados cuando su modo de ser y estar en la vida nada tiene que ver con la ocupación y santidad que debe tener todo hombre que dedica su vida al servicio de Dios.
Sin tener en cuenta, además, si son afeminados y adictos a otros vicios inconfesables, impropios de una persona decente, cuanto más de un servidor de Dios.
Los Jesuitas, que es una Orden con fama de santos y que tantos ha entregado a la Iglesia admite a sus miembros cuando ya son mayores y saben donde se meten y para qué, y así y todo, alguno se les escapa.
Me permitiría aconsejar al Papa – amén de resultar engreído – no admitir en la Iglesia a nadie que no sea una persona mayor y que sabe donde se mete. Y desde luego, permitir el matrimonio de sus miembros, como ya se hace en las Iglesias orientales.
Otro tema, que, a mí, por los años, me preocupa, es la elevación de un ser humano, a la categoría de Dios, y también -y esto me duele aún más- a una madre, a virgen, contra todo sentido común.
Nada en este cochino mundo puede alcanzar la altura de Dios, hacedor del Universo con sus miríadas de mundos similares al nuestro y de otros, no conocidos por ningún hombre.
Tampoco intento comprender a Dios. ¿Cómo ha consentido tantos millares de muertos y horribles sufrimientos de tantos humanos como se ha cepillado el Comunismo en el mundo y los nazis en los campos de Polonia de mujeres y niños, y mayores, inocentes?
En fin. Hay un SER, AL QUE NADIE INTENTE COMPRENDER, creador de los mundos, que nos ha puesto aquí en la Tierra, a tí y a mí.
Le debemos por ello gratitud, y amor.
Y no investiguemos e intentemos comprender.
Somos, menos que pulgas.
Sólo nos toca bajar la cabeza y decir: ¡Señor mío y Dios mío!  ¡Gracias!
¡Hágase siempre tu voluntad!







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