SOY NORMAL 1/2/19
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Hay hombres extraordinarios. Personas admirables que lo
tienen todo, y que por amor a los demás, lo dejan todo y se van a África, a
lugares míseros, para ayudar a aquellas pobres gentes tanto en la educación
como en la enfermedad.
Pero a nosotros, personas vulgares, no se nos pide tanto.
En primer lugar se nos pide no hacer daño en ningún sentido a
los demás, y ayudarles, según nuestras posibilidades.
Ser dignos y honestos con los demás y con nosotros mismos.
No comer un solo pedazo de pan que no te lo hayas ganado
previamente.
Si sirves, hazlo con dignidad. Ni un solo céntimos recibas
que no te lo hayas ganado con tu esfuerzo.
Si eres hijo y estudias. No malgastes los dineros que tus
padres te dedican.
En tus relaciones amorosas y con amigos, se digno y honesto.
No engañes para conseguir tus fines. Sé decente. Nunca un indigno canalla.
Ayuda a los demás en lo que puedas.
Piensa siempre que estás aquí en tránsito. Nadie se queda.
Come y bebe con prudencia. No hay persona más repugnante que
un borracho.
En fin, sé siempre una persona digna.
No sé te pide más. Confía en la bondad de QUIEN te ha dado y
mantiene tu vida.
¡Señor, no tengas en cuenta nuestros defectos!
Somos vulgares.
Y a veces, ridículos.
¡Míranos con comprensión!
¡Y sonríe! Eres nuestro Padre.
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