LAS SEPARACIONES
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Los que ya somos mayores quedamos admirados de la facilidad
con la que nuestros hijos y nietos rompen sus matrimonios que aparentemente parecían
felices y enamorados.
Sin duda los tiempos cambian y las relaciones humanas
también, pero en principio no veo que les haga más felices la facilidad que
tienen para separarse.
A lo largo de una vida siempre hay dificultades y problemas
de pareja, pero la decisión tomada en el momento que el cura te echa la bendición
de hacer feliz a la persona que acepta compartir tu vida contigo te obliga a
sacrificarte en busca de la felicidad del otro.
Primero es tu pareja y después tú.
Ahora, pasa lo que pasa, porque a muchos los une en el
Ayuntamiento un tipo descorbatado, incapaz de imprimir seriedad al gran acontecimiento
de tu vida.
Se han separado TODAS LAS FAMILIARES, sin excepción.
Buenas chicas y buenos maridos.
No sé lo que falla.
Pero es terrible la soledad y tristeza que siempre acompaña
al absurdo.
Se olvidan todos de Dios, y así les va.
Vivir para ver.
¡Dios mío y Señor mío!
Te ruego arregles esto.
¡Cuánta soledad en los cuerpos y tristeza en las almas!
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