LA MISERICORDIA DE DIOS
Santa Faustina Kowalska fue una monja polaca que mantenía frecuentemente conversaciones con Jesús.
Impresiona leer su Diario y las recomendaciones que le hacía el Señor.
Hablo para las personas que tienen fe, o para aquéllas, que son muchas, que quieren tener fe.
Copio de la revista:
“El primer artículo de la fe cristiana, la orientación fundamental de la conversión cristiana dice: DIOS ES.
“ YO SOY EL QUE SOY”. “ YO SOY EL SEÑOR TU DIOS”
La expresión “ Dios es” significa: existe la grandeza de la verdad y del derecho, por encima de todos nuestros fines e intereses. Existe el valor de lo que en este mundo no se estima. Existe la misma adoración de Dios, la verdadera adoración que protege al hombre de la dictadura de los fines y es la única que está en condiciones de protegerle contra la dictadura de los ídolos.”
Cuando leo hace días que se ha descubierto una estrella alejada quince millones de años luz , mi pensamiento no alcanza a comprender tanta lejanía, y sólo pienso en lo incomprensible que tiene que ser también conocer un poco al Creador de tan inmensos mundos. Que por cierto concuerdan el pensamiento científico, y la Sagrada Escritura. Dios hizo los mundos de la nada, dice la Sagrada Escritura, y los científicos: de la explosión de un puñado de materia que todavía hoy se sigue extendiendo.
Pero una pulga nunca podrá comprender a un hombre, y un hombre todavía menos comprenderá a Dios.
Pero sí sabemos algo cierto de Dios. Que su Misericordia es infinita.
Hemos de ser muy tontos si no nos acogemos a ello, y cualquiera que haya sido nuestra vida, no dudar, ni por un momento, que siempre podemos pedirle perdón, en la seguridad total que nos será concedido.
Y nos envía como mediador a Cristo, dotado de Infinita Misericordia.
Porque, como aclara la Santa Faustina Kowalska:
“”Quién es Dios y su Esencia nadie podrá desentrañarlo, ni la mente angélica ni la humana. Jesús me dijo: Trata de conocer a Dios a través de la meditación de sus atributos.”
Y otro día escribe:”” Durante la adoración, mientras repetía varias veces la invocación “Santo Dios”, de repente me envolvió una más viva presencia de Dios, y fui llevada en espíritu ante la Majestad Divina. Y ví cómo rinde gloria a Dios los ángeles y los santos del Señor. La gloria que rinde a Dios es tan grande que no quiero dejarme tentar de describirlas, porque no soy capaz.””
Algún descreído dirá:”Estaba loca”. Yo la creo, pues los detalles que da no pueden salir de la mente de una desequilibrada.
Tampoco me cuesta decir, como de verdad lo siento, “Señor, ten misericordia de mí, y olvídate de mi vida pasada.”
Hoy empiezo a vivir de nuevo. Gracias, Señor.
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