viernes, 17 de diciembre de 2010

PASAREMOS LA PUERTA

PASAREMOS LA PUERTA
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Miguel de Unamuno se refiere, en una de sus magníficas poesías, a la puerta que nos da acceso a la inmortalidad. Dice así:

Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar
La hiciste para los niños, y he crecido a mi pesar
Si no me agrandas la puerta, achícame por piedad
Volverme a la edad aquella, en que vivir era soñar.

Cuando hemos cumplido los 40 años y echamos la vista atrás, nos da pena a todos el que la Puerta se nos ha quedado pequeña, y quisiéramos agrandar.
Porque la FE no se nos ha ido, pero nos avergüenza rezar.

También hay otros muchos que dicen “ han perdido la fe” y así su conciencia se queda más tranquila, pero en el fondo, en lo más hondo de su fondo queda un poso, y quisieran un destello de luz, un principio de claridad para volver a pensar como en su inocencia. Volver a ser plenamente felices.
Ya sabemos que el hombre nunca puede comprender a ese Ser que llamamos Dios, Creador de mundos sitos a millones de años luz, de los cuales el nuestro, en comparación, es menos que la cabeza de un alfiler.

Pero su Sabiduría encontró una solución. Nos mandó su Envíado. Y cómo lo hizo?
Ya se anuncia en el Antiguo Testamento el cumplimiento de la profecía de Isaías:
Escucha, casa de David, el Señor, por su cuenta
Os dará un signo.:
“” Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo,
Y le pondrá por nombre Emmanuel””

El Hijo de Dios viene de camino en las entrañas purísimas de la Virgen María, que le había contestado al Angel:

“”Como puede ser eso, si yo no conozco varón”

La Virgen estaba comprometida con José. Pero ANTES de ir a vivir con él,
dice la Sagrada Escritura, tuvo lugar la visita del Angel Gabriel.
Para mí ese “ ANTES” es de capital importancia.
Si después, cuando se fue a vivir con José, tuvo o no tuvo más hijos, carece totalmente de importancia. Quizás si, quizás no. Yo personalmente me inclino por el NO. Jesús en la cruz encomendó el cuidado de su madre a Juan, y no lo hubiera hecho si hubiera tenido hermanos.

Conocemos la vida de Jesús .No voy a recordar sus milagros, sino dos momentos para mí, clarificadores.

Uno es el Huerto de los Olivos, arrodillado ante la Inmensidad de su Padre, reza, y reza con tal intensidad que suda sangre. El otro momento terrible es aquél que a punto de morir murmura “ Padre, por qué me has abandonado”.

En otro momento de su vida dice: Yo tengo que cuidar de TODOS aquellos que mi Padre me ha encomendado.

Hay que fijarse que dice TODOS. Justos y pecadores, altos y bajos, hombres o mujeres, católicos y ateos, seudocatólicos y seudoateos, que de todo hay en la viña del Señor.
Su MISERICORDIA es infinita, como lo es la del Señor, Dios Padre. Infinitamente misericordioso.

Y nada más. Yo rezo por lo bajines, a todas horas.

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