miércoles, 2 de julio de 2014
EL CRISTO ESPAÑOL
Copio de Utrera Molina:
Sobre el monumento en Granada a José Antonio Primo de Rivera.
Hace unos días pasé por el mismo lugar donde se emplazaba dicho monumento histórico. Un paño negro y unos brochazos rencorosos de habían tapado lo que fue un monumento de recuerdo y de reconciliación. Los mismos que han atacado impunemente un indefenso testimonio de piedra califican la etapa del Estado Nacional como tiempo de barbarie. Yo me pregunto ¿ Se puede alcanzar cotas más altas de cinismo, de desvergüenza histórica y de sombrío resentimiento?. Sí, es posible.
Al contemplar aquella injusticia fue más fuerte mi congoja que mi ira. Soñé con el que había inspirado aquel monumento porque unos días antes había conocido su vieja maleta que encierra los recuerdos íntimos de quien todo lo dio por España. Volví a tener en mi mano el testamento que había escrito. Ni una tachadura, ni un acento equívoco, ni una palabra en demasía, todo claro. Una escritura perfecta, armónica y clara. Quien escribía el testamento que yo sostenía en mi mano, iba a morir fusilado 24 horas después de escribirlo, pidiendo que ojalá fuera su sangre la última que se vertiera en España en contiendas civiles. Por eso mi viejo corazón no se resigna a aceptar que al amparo de una ley injusta y mezquina como la de la memoria histórica pueda ocultarse el sacrificio de tanta juventud, se borre y manipule el recuerdo, se desentierren trincheras y en definitiva se resuciten los viejos odios olvidados para revivir la dolorosa contienda cainita que padeció España.
Ignoro si los autores de tan bárbaro atentado se habrían parado a pensar lo que significó aquel hombre, posiblemente no. Si lo hicieran habrían sentido, tal vez, un nuevo escalofrío y una íntima vergüenza. España está hoy en paz, aunque algunos quieran reverdecer viejos y anacrónicos enfrentamientos. Se podrán derribar estatuas, pero nunca podrán envilecer las cenizas de un sueño maravilloso regado por una sangre joven y puesto todavía de pie en los anales de nuestra historia torturada.
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