SOY FINITO 7/7/17
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Somos tan pequeños, los hombres, que
nuestros labios se agotan pronto cuando intentamos hablar de cualquier tema.
Pero es aún más triste, pero mucho
más interesante, el agotamiento de los pensamientos cuando la meditación la
hacemos sobre Dios.
La grandeza de la majestad de Dios es
inmensa, e infinita. La sabiduría de los hombres encerrada en un pequeño cerebro
es ínfima, por eso nadie, repito nadie, es capaz de conocer y mucho menos de describir,
cómo es nuestro Supremo Hacedor.
Suponemos……que su sabiduría no tiene
límite, y que su bondad tampoco.
Suponemos…. que nos mira y nos proteje
todos los días de nuestra vida.
Suponemos que…cuando hacemos algo
incorrecto, que lo llamamos pecado, nos mira benévolamente y nos perdona con
facilidad.
Suponemos que….estamos aquí en este
mundo porque, desde la eternidad pensó
en cada uno de nosotros y decidió que viviéramos ahora, y no en tiempos de
Aristóteles, o en el futuro, en el siglo XXV por ejemplo. (Otros hombres lo
harán)
Suponemos que para ayudar a
salvarnos, dio virtudes especiales a Abrahan, a Moisés y a Jesucristo (entre
otros), para guiarnos aquí, y alcanzar más fácilmente la felicidad allá.
Suponemos que el cuerpo se pudre,
pero que el alma permanece, por su esencia divina, flujo de la de Dios.
Suponemos que por ser todos “criaturas
de Dios”, no permitirá, dada su infinita bondad, que algunos, los “malos”,
vayan a sufrir más de la cuenta.
Creemos que estamos “de paso”, y
todos, más pronto que tarde, nos presentaremos ante su divina presencia.
Esperamos que una paternal sonrisa
nos reciba, y unos cariñosos brazos nos acojan.
Lo deseo para ti, amable lector y
también para mí.
Para conseguirlo lucho todos los
días, y créeme de verdad. No me siento satisfecho.
¡Te deseo, para ti, lo mejor!
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