AYUDA SOBRENATURAL 19/10/17
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Creo que hace bastante tiempo ya conté lo que a continuación
voy a comentar.
Como parece algo increíble, es necesario afirmar con
contundencia que así a mí me pasó, que no miento ni un ápice, y que el que
quiera creer que lo crea, y el que no, tiene su derecho a ello.
Dos veces me ha pasado.
La primera vez, era yo un chiquillo de l6 años, después de
asistir a Misa en la iglesia que tienen los Jesuitas cerca de la Universidad de
Valladolid, me fui a dar un paseo por el Campo Grande.
Para los que desconocen Valladolid les diré que el Campo
Grande es un hermoso parque-jardín, junto a la Estación de Ferrocarril, orgullo
de la ciudad en su parte más distinguida.
Es difícil de explicar, y menos de entender, sentir en todo
tu interior, de repente, una fuerza incomprensible, parecida a una ciega
iluminación que agiganta todo tu interior durante varios segundos y que te
sorprende y te extraña porque no puedes comprender su origen y su significado.
Mucho tempo después comprendí que era una señal del Cielo, y
que Dios, nuestro Señor me tomaba bajo su amparo con una protección especial.
Desde entonces siempre le he tenido un total respeto y amor,
y una confianza plena.
La SEGUNDA VEZ, es todavía más increíble.
Trabajaba en el Banesto, por entonces con sueldos muy bajos,
que me obligaban después a otras actividades para poder comer y vivir con
alguna decencia.
Con ello, había conseguido reunir mil y pico acciones del
Banesto (Banco Español de Crédito). Que eran todos mis ahorros.
Eran tiempos muy duros, después de la guerra civil.
Pues bien. He aquí lo insólito.
Estaba oyendo Misa en los Salesianos de Alicante, ciudad en
la que yo vivía y trabajaba, cuando de repente, una voz interior claramente me
dijo:
“Vende”, y ante mi extrañeza me repitió claramente: “Vende”.
Sin darme cuenta de dónde estaba pregunté:
¿Qué vendo?, ¿Qué vendo?
Me doy cuenta entonces que estoy en Misa, y me dije: ¡Estoy
como una cabra!.
Pero, pensando todo el día, decidí vender los Banestos.
A las 9 de la mañana, hablé con Espasa, el Jefe de Valores, y
lle dije: “Véndeme ahora mismo todos los Banestos”.
Estás loco, me dijo, estás subiendo sin parar.
Pero ante mi insistencia no tuvo más remedio que dar la orden
de venta.
Ahora, imaginaros una montaña. Y mirar en su pico más alto 20
metros más arriba.
Pues ese fue el cambio al que se vendieron mis Banestos.
Por encima de la cotización de ese día, a partir del cual
comenzaron a bajar.
Entonces ni se había oído hablar de Mario Conde.
Y todo el mundo sabe lo que pasó con Banesto.
JURO ANTE Dios nuestro Señor, que todo lo que antecede es
verdad y me ha sucedido a mí.
No me enfado cuando mi hija se burla un poco diciendo: “Que
tengo un Agente de Bolsa en el Cielo”.
Sería feliz si alguien me creyese.
Aunque sé que lo hará algún protegido de Dios, nuestro Señor.
Os saludo.
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