domingo, 10 de febrero de 2008

La Pre-Guerra IV

La Pre-Guerra IV

Por aquella época casi todas las naves, tanto áreas como navales, que desde Europa se dirigían a América del Sur hacían escala en Canarias a fin de repostar.
Con tal motivo el puerto de Las Palmas, tenía y supongo que sigue teniendo un gran capacidad de atraques. Se comentaba que el muelle principal tenía 7 kilómetros lo que me parece algo exagerado, aunque es posible que sea verdad, y también que hoy día, quizás sea mayor.
Por aquella fecha nos visitó el barco de guerra inglés HOOD. Calculo que su tonelaje no sería inferior a las 50/60.000 toneladas y era una de las joyas de la Corona todavía en aquellos momentos dominadora de los mares. Recuerdo un delgaducho oficial inglés que con exagerada prosapia y marcialidad, provisto de un pequeño bastoncito, señal de su mando, recorría sin cesar el barco de proa a popa, y viceversa,
Los alemanes derrotados en 1914/18, de acuerdo con el Tratado de Paz, no podían construir barcos de guerra con tonelaje superior a las 10.000 toneladas. Entre estos barcos contaban con el “DEUTSLAND” que enfrentado con el HOOD inglés, creo que fue en la batalla de Jutlandia, consiguió meter por la chimenea de éste un pepino que hizo explosión en el interior del barco, hundiéndolo en pocos minutos. Todo esto sucedió durante la 2ª Guerra Europea. Una vez más David
había vencido a Goliat. Humillados, los ingleses pusieron todas sus fuerzas, navales y áreas, para destruir al solitario DEUTSLAND lo que consiguieron tras descubrirlo con mucha suerte entre un pequeño claro de las nubes.
Son dignas también de mención las escalas que hacían los zeppelines alemanes como línea regular desde Berlín a Buenos Aires. Eran unos globos alargados de enorme tamaño. Entre ellos, contaban con el “Hinderburg”, que años más tarde se prendió fuego en el momento de su llegada al aereopuerto de Nueva York, lo que dio lugar a la suspensión total de los viajes en estas naves.

Para los chicos de nuestra edad la vida en aquella maravillosa ciudad era más bien el Paraíso. Yo asistía regularmente a las clases de la Escuela de Comercio, que tenían lugar durante las mañanas, dejándonos las tardes libres, cuyos minutos aprovechábamos al máximo.
La Escuela de Comercio estaba situada en un barrio céntrico que llaman El Toríl. La ciudad está dividida por un ancho barranco, desembocadura de un río que llaman el Guiniguada o algo así. Siempre está seco, pero Dios nos libre de él cuando lo arrasa todo por las lluvias torrenciales que muy espaciadamente tienen lugar.
Se llegaba a la Escuela de Comercio por una calle limitada por un lado por la margen derecha del barranco, sin casas, y por el otro lado casas-chalets elegantes y habitadas por gentes pudientes.
En la puerta de uno de estos chalets, y siempre con un libro en sus manos, con frecuencia estaba un señor de porte muy distinguido y que al pasar nosotros, todos chiquillos y con los libros bajo el brazo, nos miraba con un inicio de comprensiva y cariñosa sonrisa. Hoy estoy seguro que era un intelectual.

Los higos chumbos difieren de los de la Península. Estos son de color verde, aquéllos son encarnados.
Por esto, les llaman “ tunos coloraos”. Cierto día, aprovechando un tiempo libre entre dos clases, bajamos un amigo y yo hasta el barranco para comer algunos tunos, con tan mala fortuna para mi amigo cuando resbaló y cayó sobre la chumbera. Los que conozcan los higos chumbos se pueden imaginar los cientos de espinitaas dolorosas que nos ocupamos de quitar de sus carnes y ropas.

Desde la céntrica calle de Villavicencio dónde vivíamos, hasta el puente del Guiniguada habrá una distancia de unos 200 metros. Al principio me llamaba mucho la atención que mi profesor de Primeras Materias tomase el autobús cerca de mi casa y bajase en la parada que había cerca del puente. Para iniciar después la subida caminando. A veces si apretaba el paso llegaba allá al mismo tiempo que él.
Desconocía entonces lo que significaba la palabra aplatanamiento.

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