lunes, 11 de febrero de 2008

PRE-GUERRA CIVIL V

Tengo un gran recuerdo de aquéllos profesores. Me llamaba la atención el de Cálculo Mercantil
que no había conseguido la Cátedra en las dos última oposiciones a las que se había presentado.
El de Taquigrafía cuya hija era la única fémina de mi curso compuesto tan sólo por 15/16
alumnos., y el de Derecho Mercantil que me obsequió con mi primera Matrícula de Honor.
Iba a clase en un coche pequeñito que hoy llamaríamos MINI, aunque más frágil..

Por aquella época me aficioné a leer todo lo que caía en mis manos. Iba bastantes tardes a la bien provista biblioteca municipal, donde leí todo lo divino y humano.

Los indígenas de las Islas antes de la llegada de los españoles, eran los GUANCHES de fuerte constitución según parece, que pronto mezclaron su sangre con los nuevos habitantes, dando lugar a una nueva gran raza, los actuales canarios ya todos con sangre española.
Creo que en el mismo edificio de la biblioteca hay un curioso museo, lleno de calaveras de los antiguos pobladores guanches. Vale la pena verlo.

La ciudad está limitada en el lado opuesto al mar por un monte de escasa altura. Su ladera estaba cubierta por arena, llegada a través del mar por una fuerte tormenta de viento procedente del Sahara.
En la cima de este monte y apuntando al puerto había grandes cañones de artillería del calibre 38.
Supongo que el ancho del tubo eran 38 centímetros y el largo no bajaba de 3/4 metros. ¡Impresiontes!. Tuve cierta vez ocasión de verlos, junto con mi hermano Fonso, cuando mí tío Tino nos llevó allí aprovechando que hacía entonces el servicio militar en Artillería.

Cierto día y sin previo aviso apareció mi padre en casa con dos bicicletas. Una para cada hermano.
La mía era una Colonial Club, con manillar de carreras y de fabricación inglesa. Era preciosa.No la había más bonita en todo Canarias. Me hizo tanta ilusión y alegría que nunca jamás en el futuro fue superada. Ni tan siquiera cuando muchos años después compré mi primer coche, un Ondine
No sé con qué medios y de qué modo pudo pagarla, pues su precio eran 32 duros y ya he dicho lo exiguo que era su sueldo. Siempre se lo agradecí mucho.

Un pequeño comentario de los autobuses que había, que allí les llaman “güagüas”. Son diferentes. Su entrada es o era por atrás y sus asientos corridos a ambos lados. Cada una era de distinto propietario y hacían o hacen el servicio desde la ciudad al puerto de la Luz. Salían cada minuto y procuraban adelantarse unas a otras para conseguir más pasajeros.

Había unas publicaciones semanales de cuentos de aventuras que venían de la Península. Entre ellas estaba El Titán de los Mares, un barco capaz de volar y sumergirse como si fuera un submarino; colección que llegué a completar, así como otras que entonces me parecían maravillosas cuyos cuadernillos esperaba su llegada con ansia.

¡No podía nadie imaginar cuando dejaron de llegar lo que se avecinaba en España!

Sería el 15 o 16 de Julio, día arriba o abajo. Del año 1936.
El Gobernador Militar de la Isla había muerto de repente.
El entierro se celebró con gran pompa militar y toque de cornetas; el cadáver en un armón de artillería . Presidía la ceremonia el Gobernador Militar de todas las Islas, don Francisco Franco Bahamontes.
Desconocía quién era, pero nunca olvidaré la impresión que me causó aquel rostro, algo indefinible que daba al mismo tiempo pena y terror. ¡Como Cristo en la cruz!
Años después me hizo reflexionar mucho aquella repentina muerte.

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