martes, 5 de febrero de 2008

Pre-Guerra Civil III

La Pre-guerra Civil. III


Como iba diciendo, en el año 1934 fué destinado mi padre como Jefe de Red a Las Palmas de Gran Canaria.
Salimos en tren toda la familia con dirección a Cádiz donde cogeríamos el barco
Recuerdo que era un día desapacible; ventoso y frío. El tren entonces era muy lento; paraba en todas las estaciones.
Al parar en una de éstas, perdida por los campos de Ciudad Real, me llamó la atención una figura pálida, delgada, casi esquelética, de un joven de unos l7/18 años, única alma de aquella perdida estación y de aquel día, tan frío. !Cuál no sería mi asombro al reconocer en aquella sombra, a Santiago Carrillo, mi vecino de la calle Topete de Madrid !.
!¿ Qué estaría haciendo allí!?. Ya nunca más le volví a ver, pero sí que oí muchas veces hablar de él como más adelante contaré.
Llegamos, pues, a Cádiz sin novedad pero muy cansados.
Y abordamos el " Ciudad de Cádiz un barco de buen porte, que hacía regularmente el servicio de pasajeros entre la Península y las Islas Canarias. Salimos a las 2 de la tarde y llegamos a Las Palmas 48 horas después, justo a las dos de la tarde.

Nos fuimos a vivir a la calle 15 de Noviembre, que se alargaba por la costa hacia el puerto de La Luz. En marea alta las olas llegaban a las casas. Llamaba mucho la atención un barco encallado y abandonado a su suerte.
En marea baja, los chiquillos jugábamos entre las rocas en la "marea". Había entre las rocas grandes charcos en los que hacíamos regatas con barcos de vela construídos por nosotros, remedando las grandes regatas de vela a que tan aficionados eran los canarios con salidas desde la "mar fea" hasta la ciudad. Parece ser que el apelativo de "mar fea" era debido a la abundancia de tiburones que por allí había.
Las cucarachas de Canarias no son como las de la Península. Estas con rojas y más bien pequeñas al compararlas con aquéllas, grandes y de un blanco amarillento.
Llamaba la atención lo familiarizados que estaban los niños con ellas. Algunos se las ponían en el pecho, bajo la camisa, sin asco ni miedo alguno.
No era un barrio muy recomendable, pues había algunas casas de prostitución, por lo que mi padre, en cuanto pudo, tomó en alquiler una casa en la calle Villavicencio sita en el centro de la ciudad.

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