domingo, 9 de junio de 2013

LA REFORMA ES IMPRESCINDIBLE

POR EMILIO LAMO DE ESPINOSA       9-6-2013

Ocurre (de nuevo contra toda expectativa) que el enorme malestar que hay contra políticos y partidos no ha dado lugar tampoco a alternativas fuera del arco democrático. Quizás como herencia (esta vez buena) del franquismo, en España no tenemos partidos de extrema derecha, que en no pocos países europeos cosechan hasta un 20% del electorado. Ni tenemos tampoco partidos anti-Europa, que florecen como hongos en no pocos sitios.

Todo lo que llevo dicho no es sino una larga introducción a mi objetivo: la regeneración democrática de España. Pues mal podría hacerse esta si los españoles no la apoyaran. Pero, por fortuna, es ese el caso. Y ahora avanzaré otros dos argumentos, uno referido al pueblo, a la ciudadanía, el otro relativo a las élites, si se me permite esa vieja jerga.

Pues cuando los españoles han tratado de articular un discurso como respuesta a la crisis han hecho aflorar dos ideas fuerza. Una es «democracia real», la otra es «no nos representan». Ideas apoyadas por la inmensa mayoría de los españoles (y hablo de porcentajes superiores al 80%) en una movilización transversal (a clases, edades, incluso regiones), que puede dar lugar a muchas derivaciones peligrosas, pero que en todo caso quieren decir dos cosas: la primera, que no quieren algo distinto a la representación, al sistema representativo, y sólo una minoría juega a la democracia directa; la segunda, que no quieren algo distinto a la democracia, quieren verdadera democracia y verdadera representación, quieren lo que creían tener. Y no es sólo la evidente vaguedad de ese doble

mensaje lo que contribuye a su éxito, sino también su evidente moderación. No olvidemos que casi el 60% de los españoles afirman que, «con todos sus posibles defectos e insuficiencias, la actual democracia constituye el período en que mejor ha estado nuestro país en su historia». Los españoles saben bien que tenemos mucho ganado.

y cuando ese caldo de cultivo, sin duda confuso, con frecuencia ingenuo, ya veces peligroso (como su deriva en los escraches), trata de articularse, lo que origina son cientos de voces nuevas, voces de la sociedad civil, que están contribuyendo a movilizar y articular esa ansia de regeneración democrática. Pues frente a la tradicional debilidad asociativa y participativa, frente a un país «sin pulso» o de «aguas estancadas», asistimos hoya la emergencia de numerosos foros de debate y opinión que quieren participar con propuestas y análisis. Primero fueron instituciones ya establecidas (como la Fundación Ortega o el Colegio Libre de Eméritos) las que llamaron la atención, luego fueron fundaciones nuevas, preocupadas por la herencia de la Transición (como la Fundación Transición Española o la Fundación Everis), ahora son asociaciones Civicas (como el Círculo Cívico de Opinión, el Foro de la Sociedad Civil o el Círculo de Economía), y me consta que en numerosas ciudades de la geografía española agrupaciones de uno u otro signo (como el granadino Club de la Constitución) promueven, organizan, participan. Hablo de lo que conozco, pues seguro que hay mucho más, y ello sin mencionar los cientos de foros activos en internet de modo que hay en Google casi cinco millones de páginas que juntan las palabras «regeneración» y «España». España está hablando, vaya si lo hace, por los codos, y habría que escucharla con atención.
OS conclusiones para terminar. La primera es que la sociedad española sí está preocupada y ocupada, pero en lugar de responder con el apoliticismo o con su otra cara, la rebelión y la asonada, lo hace a través de la participación y la movilización en el diálogo. Y la segunda es que no es tanta la distancia entre lo que se cuece en la calle y lo que se cocina en los cenáculos, discursos que parecen reforzarse el uno al otro. Quizás es esa rara sintonía lo que está forzando a los partidos a abrirse, primero entre sí, en un inevitable pacto nacional, y después (así lo esperamos muchos) a ese clamor que sale de la calle y que, si no es encauzado, nos lleva directamente a la «italianización» de la política, a esa extraña y perversa simbiosis entre la cínica indiferencia de la antipolítica berlusconiana, por una parte, y la hipermovilización populista por otra.

EMILIO LAMa DE ESPINOSA ES CATEDRÁTICO DE SOCIOLOGÍA (UCM)



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