LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
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Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
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Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
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LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
=====================
Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
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No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
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Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
=====================
Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
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Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
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Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
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LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
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Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
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Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
=====================
Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
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No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
=====================
Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
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Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
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Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
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LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
=====================
Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
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LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
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Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
=====================
Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
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Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
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Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
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La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
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La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
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El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
=====================
Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
LA VOLUNTAD 11-1-2016
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Lo dice don Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría:
No hago lo que deseo ni lo que me pide mi cuerpo, ni lo que me apetece, ni lo que es mejor para mí.
Voluntad y felicidad forman un binomio muy estrecho. No se hacen las cosas simplemente por placer o porque a uno le guste, sino por llegar a lo que cada uno se ha propuesto.
La voluntad bien educada lleva a la realización más completa de uno mismo.
La educación de la voluntad patrocina la alegría. La voluntad nos lleva como de la mano a una vida lograda.
La voluntad es la joya de la corona de la conducta, es la pieza clave para alcanzar los objetivos completos. La voluntad nos determina.
Hay que hacer una distinción entre dos conceptos próximos: desear y querer. Son dos pretensiones que navegan pilotadas por nuestra conducta.
La primera se mueve por los sentimientos, mientras que la segunda es guiada por la voluntad.
Desear es anhelar algo de forma próxima, rápida, con una cierta inmediatez. Querer es pretender algo a más largo plazo, pero teniendo el objetivo claro, bien delimitado, y en donde hay una firme resolución de alcanzar esa meta. El deseo es más superficial y fugaz. Querer es algo más profundo y estable.
Lo diría de otra manera: muchos deseos son juguetes del momento. En cambio, casi todo lo que se quiere significa un progreso personal a medio-largo plazo.
Los deseos son muy importantes en la vida y tiran de nosotros en una dirección determinada. Son importantes y le dan frescura a la conducta.
Aprender a domesticarlos indica equilibrio y dominio de sí mismo. El deseo es siempre fuerza, impulso, tirón.
El ser humano es un animal de deseos. Estos son fogosos, momentáneos, en donde uno se ve arrastrado por esa marea. El deseo es el registro primario de la afectividad.
Querer, es determinación, firmeza, propósito decidido, solidez en el empeño de alcanzar algo costoso de entrada y valioso de salida. Voluntad es querer.
En fin, que sin voluntad y sacrificio nadie alcanza algo que valga la pena.
Y siempre, siempre, pidiendo la ayuda del Cielo.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
Te aseguro que si la petición es sincera, nunca te faltará.
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