DOS MENTES, DOS VIDAS
29/5/17
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Dejando a un lado a gentes ignorantes que no son capaces de
pensar, porque su único problema es poder vivir, poder alcanzar un trozo de pan
diario que les permita subsistir, hay DOS CLASES de personas: Unas que no aman a nadie, solamente a sí
mismas, y por ello van por la vida aprovechándose de todo el mundo que les
rodea, ya sean familiares, amigos o desconocidos.
Nadie los quiere: si llegan a jefes son autoritarios,
maleducados y creídos imposibles de tratar. Si pueden, se quedan con la mayor
parte de los beneficios de la empresa a la que dicen servir.
Van por el mundo, con la cabeza alta, donde los demás son
hormigas que no merecen ni una mirada de atención.
Y hay otros hombres que, en todos los actos de su vida,
tienen en cuenta a los demás.
Si pueden ayudan: Una palabra de consuelo, un prudente
consejo, un brazo sobre el hombro, un “aquí tienes un amigo” cuando el
familiar, amigo o compañero con el que apenas tienes relación se ve en apuros.
Esos apuros que aparecen cuando menos lo piensas y que tanto nos hacen sufrir a
los mortales.
En cuanto a la clase política pasa lo mismo.
Unos hombres honrados, se meten en política porque entienden
que pueden resolver problemas mejor que otros y pueden hacer prosperar al país,
y que miles de personas vivan mejor
gracias a su actuación.
Hay otros: “Recuerdo a Zaplana, un político valenciano que,
cuando triunfó allí el P.P. dijo “Nos vamos a forrar” - así
salió en los periódicos _.
Es el puro ejemplo del “vividor” de la política que no merece
dedicarle ni una coma más.
Quien sirve a los demás, es el único al que se le puede
llamar “hombre”.
Levantan todos los días la mirada al Cielo, y dicen “Gracias,
Dios mío” porque permites que mi corazón siga latiendo.
Y además me das una buena familia, unos padres estupendos, y
mi mujer y mis hijos son de los mejores.
Tengo ingresos suficientes para vivir sin lujos, y todos
tienen salud.
¡Qué más puedo pedir?!
Es claro que Dios, nuestro Señor, ayuda con preferencia los
hombres buenos, para que alcancen ya, en esta tierra, un poco del Cielo.
Los otros, forrados de dinero, lo disfrutan abusando de todo
el que los rodea: de sus servidores, de las mujeres a las que tratan como si no
tuvieran alma, sólo como objetos de placer de sus cuerpos, y tratando despóticamente
a todo el mundo, incluso a su mujer e hijos.
Son lo que vulgarmente decimos “ mala gente”.
Si eres joven, y me lees. Ya sabes donde tienes que situarte.
Servir a los demás te dará felicidad. Servirte a ti mismo, llegará un momento
que dirás: Nadie me quiere, soy un gilipollas de mierda.
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