domingo, 7 de mayo de 2017

UN HIMNO GIGANTE  7/5/17
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Hoy es Domingo. Es un día más; pero es el día de la semana que dedicamos a honrar a Dios, el constructor de los mundos.
Quisiera tener el talento, la sabiduría y el espíritu de los grandes santos, de Ignacio de Loyola, de Vicente Ferrer, de Pablo de Tarso, de Jan Bosco para poder escribir un himno gigante cuyas notas hicieran temblar el alma de todos los que lo oyeran, creyentes y no creyentes.
Que al oírlo se estremecieran y pensaran sin darse cuenta en la vida que hay después de ésta, y en la que conviven y se mezclan, razas de todos los continentes y hombres de todos los tiempos.
Santos y menos santos, guerreros y no guerreros, listos y tontos, altos y bajos reunidos allí conviven bajo un denominador común: “Han sido buenas personas”.
Nos miran, a cada uno de nosotros con aprecio.
Los que han sido nuestros padres y abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos; los que han sido nuestros amigos y menos amigos, y todos aquellos que hemos conocido a lo largo de nuestras vidas y que nos han precedido en el camino y llegaron al final del mismo antes que nosotros.
Sí. Quisiera cantar un himno gigante, cuyas notas llegaran a todos, sin excepción, que se oyera a través de montañas y valles y más allá de los mares para que las almas de todo el mundo levantaran sus almas por un instante, y desearan caer de rodillas, mirando el azul del cielo.
También sé que a TODOS, sin excepción, en un instante de sus vidas, han sentido temblar su interior. Tienen dudas de qué sería aquéllo. Yo me permito decírtelo. Era Dios que llamaba a tu corazón.
¡Acaso lo dudas?

           

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