MARIA 11/5/19
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Los sufrimientos de María, la madre de Cristo, tuvieron que ser horrorosos, comparables en
su espíritu con los que en el cuerpo y durante horas sufría su hijo clavado en
una cruz.
Sin duda alguna, ocupa un lugar preferente aquí en la Tierra
y de dominio en el Cielo.
Ha tenido varias apariciones.
Me impresiona la que tuvieron los niños de Fátima (Portugal).
Amenazados de muerte por el incrédulo Alcalde del pueblo,
mantuvieron su afirmación de que se les había aparecido la Virgen, y anunciaron
un milagro que tuvieron ocasión de ver miles de personas.
El cielo que estaba encapotado y cuajado de nubes en un
segundo las nubes se despejaron y brilló el sol.
Nadie está obligado a creer.
Pero es seguro que Dios, nuestro Señor, la ha recompensado en
el Cielo y le ha dado allá unos poderes superiores a resto de los mortales, porque
si aquí padeció más que nadie, allá habrá sido recompensada de forma superior.
Yo le rezo.
¡María! ¡Ampáranos!
Reza por nosotros que estamos llenos de debilidades, de orgullo
y hediondez.
¡Olemos mal
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