EL CARIÑO SUBLIMA
Me he levantado cansino, viejo
Después de desayunar y acompañar a mi Tona a la peluquería,
me he ido a casa, me he arrepantigado en mi sillón y bien tapado, no tardé ni
cinco minutos en caer en los brazos de Morfeo.
Dulce y reparador sueño.
Sería la una cuando llamaron a la puerta. Eran mi hija
querida María Luisa y su hijo Juan Luis, un robusto y fuerte joven de 26 años.
Venían a vernos e invitarnos a comer en el “Gallego” un
restaurante distante unos 8 kilómetros de Galapagar. Como siempre allí, he
comido muy bien. Verdura al principio y lubina de segundo plato.
Y una buena raja de sandía de postre.
Cuento todo esto para que todo el mundo se entere de la
estupenda hija que tengo la suerte de tener.
Qué más se puede desear cuando se llega a viejo.?
Cuando un día como éste me van las cosas especialmente bien,
levanto mi pensamiento con más frecuencia a lo Alto, y repito ¡Dios mío! Y ¡Señor
mío!
¡Gracias Señor,
gracias.!
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