LA VEJEZ
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Todo, en este pícaro mundo se hace viejo. Las sillas, los
cuchillos, las casas, todo, y como no, también el cuerpo humano.
Te habla quien la está padeciendo.
Te levantas un día y con sorpresa descubres “me cuesta
levantarme”. Las piernas no responden con la misma agilidad.
Otro con un dolor en el cuello que “no sabes qué es”.
Otro con acideces en
el estómago que, “nunca has tenido” .
Otro con un “cansancio” a pesar de que no has hecho nada.
Hasta que te das cuenta de que “ya eres viejo”.
Cuesta creerlo, y te resistes a coger un bastón, pero al
final lo haces.
Tu andar se hace doloroso y lento, pero andas…..
Como tienes tiempo sobrado, te dedicas a pensar, pensar, y
pensar……
¿Qué ha sido mi vida?. Qué hecho bien….. y qué mal….?
Si volviera a nacer ¿qué no haría? O ¿qué haría?.
Te alegras si has tenido una relación de amistad con Dios y
más que bien has guardado sus Mandamientos.
Te dueles si has tenido fallos de comportamiento con
familiares y amigos.
Si te ha faltado sacrificio y caridad.
Si pudiendo hacer las cosas mejor no las hiciste por
comodidad y egoísmo.
En definitiva si cumpliste “a medias” un comportamiento que
debiera haber sido “a enteras”.
“Amarás a Dios, tu Señor, con toda tu alma, con toda tu vida
y con todo tu corazón, y al prójimo como a tí mismo”
Siempre se falla en algo. Pero ahí está el Mandamiento.
Si eres joven, mételo en tus tuétanos, si no, mucho te
arrepentirás cuando llegues a viejo.
Porque el “examen” lo pasamos todos, sin excepción.
La mitad somos estúpidos. Tú no formes parte de esa mitad.
Ponte seriamente en comunicación con Dios, y dile con el
corazón en la mano: “Señor, yo te amo, no me tengas en cuenta mis flaquezas y
debilidades”.
Cuando llegue el momento, por favor, “Ábreme la puerta”.
Aquí se presenta un mequetrefe.
Mírame con tus bondadosos ojos.
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