jueves, 21 de septiembre de 2017

Cataluña.
Ya en el siglo XVII no se sentía a gusto con España, por lo que iniciaron negociaciones con los franceses para proclamar la república catalana bajo la protección del rey Luis XIII de Francia al que hicieron Conde de Barcelona.
Pero los franceses los trataron sin consideración- robos, violaciones y abusos de todo orden.
La muerte de Richeliu, que era quien impulsaba este avance hacia el sur, y que los franceses habían alcanzado su principal objetivo, situar la frontera con España en los Pirineos, quedándose con el Rosellón y media Cerdaña, inclinaron a los catalanes a aceptar en condiciones favorables volver de nuevo a España.
Los catalanes son gente de paz, buenas, trabajadores, pero se sienten diferentes y lo son.
También son diferentes los andaluces, los castellanos, valencianos, gallegos y demás pueblos que habitan en nuestra Península, llena de montes que nos separan, pero unidos fuertemente en un orgullo nacional y conjunto inseparable.
Unidos llegamos a dominar la mitad de la Tierra, y unidos seguiremos para EL BIEN DE TODOS y nuestra prosperidad.
Llamo al sensato pueblo catalán a permanecer en España, donde son respetados y en donde se consumen los excelentes productos que se fabrican en aquella privilegiada Región.
Si lograran la separación estos insensatos que la predican, verían con horror – hago juramento de ello- que ni un alfiler catalán entraría en España.
Si no tienen miedo a la miseria, que sigan con su chifladura, pero no olviden que España es UNA e indivisible.
Y si la sangre llega a correr, solamente ellos serán los culpables.
Yo sé que son mayoría los que quieren seguir siendo españoles, pero esa minoría que se manifiesta sin cesar debiera tener “sentido común” y olvidarse de tonterías que de triunfar serían la ruina del pueblo catalán.        
Diría que no son auténticos catalanes puesto que éstos siempre buscan la prosperidad y el bienestar, y a ellos, que son unos gilipollas, les importa un bledo
un futuro ruinoso.
Hasta las personas sensatas, a veces, perdemos el tren.



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