lunes, 11 de septiembre de 2017

LA FAMILIA 11-9-17
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Ayer señalaba, hablando de la felicidad, que para serlo no hacía falta tener grandes ingresos, fortunas y chalets, sino que era suficiente contar con algo de dinero constante para poder comer todos los días, y una cama en un apacible rincón donde descansar del diario esfuerzo.
Dejar a los demás sus terribles esfuerzos, engaños y ambiciones – que pueden llevar a ser ricos, pero no  felices – y plácidamente disfrutar de los pequeños placeres que siempre la vida nos proporciona.
A todo esto lo llamo Sabiduría.
Saber vivir es propio de personas inteligentes. Siempre he pensado que los ambiciosos, capaces de robar y engañar no lo son, y están confundidos.
Me dan pena.
Ahora bien, algo casi imprescindible para ser feliz es la familia. Formar parte de una buena familia es un regalo del Creador. De niño, dependiendo de unos padres protectores, y de mayor contando con la compañía de una mujer hermosa y buena y unos cariñosos hijos, es algo indescriptible que te llena de confianza y seguridad.
Yo, que soy una persona mayor, cuando me siento rodeado por mis hijos y nietos, experimento una especial alegría que es imposible expresar con palabras.
En silencio, levanto los ojos al Cielo, y doy muchas gracias a Dios, nuestro Señor.
Joven que me lees. Cuando llegue tu tiempo, busca una mujer buena, capaz de sacrificarse por los demás, ámala sinceramente y protégela siempre en los buenos y en los peores tiempos o momentos.
Recibirás más felicidad de la que eres capaz de dar.
Y siempre, Dios, nuestro Señor, primero en todo, te cubrirá con su protección si de vez en cuando, con amor, diriges tu mirada a El.
Que siempre te proteja, amigo mío.






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