jueves, 5 de marzo de 2020


DIVAGACIONES
5/3/20
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Los seres humanos muchas veces somos incomprensibles.
Incomprensibles para los demás, y algunas veces para nosotros mismos.
Dependemos siempre de nuestro buen o mal humor, si hemos o no descansado. Si nos sentimos tristes o alegres sin saber por qué, y si nos importa el futuro o bien no nos importa porque tenemos salud y nos sentimos bien, y no queremos pensar en el mañana.
Por eso en nuestro trato con los demás deben imperar las buenas maneras, es decir, la educación.
Los demás no tienen que soportar o aguantar nuestro buen o mal humor; nuestras quejas hacia los demás porque no han actuado conforme yo preveía
a mi conveniencia o inconveniencia.
Hablamos siempre de educación, pero deberíamos decir respeto y amor. En eso consiste la educación: en respeto y en amor o caridad. Lo que antecede es incomprensible para algunos. Hay muchos incapaces de pensar ni sentir.
Desde pequeños han recibido malos tratos y se han hecho, de mayores, duros de corazón sin sentimientos ni afectos.
Las cárceles se llenan de estos infelices. Y raras veces cambian. Decimos vulgarmente que “no tienen futuro”.
Pero, ellos, no son culpables. Lo es una sociedad donde las ayudas a los miserables y desocupados son  escasas y con ninguno o poco amor.
Todos, pero todos, con muy escasas excepciones, nuestro ombligo es lo primero, y triunfa el YO, YO, y YO.
Viene todo esto a cuento por la conveniencia para todos de ser cada día mejores, más buenos, más dignos, pensando que aquí estamos de paso, y que al llegar, con toda seguridad nos pedirás cuentas del porqué de nuestra indigna conducta.
Que, en ella, no falte el amor.
Irás alegre y satisfecho al llegar allá, lo que todos hacemos, y tú también, tarde o temprano.
Sé listo, y no un vulgar gilipuertas.
Un abrazo, amigo.





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