martes, 22 de enero de 2008

La República de 1931.- IV

Como antes he dicho, el grupo de niños del barrio -éramos unos quince - formábamos una pandilla de pequeños desvergonzados, cuya única obsesión era robar alguna sardina arenque de las que las tiendas exponían para su venta en la puerta del establecimiento, ver si las chicas en algún descuido enseñaban algo que siempre tenían tapado, y pelearnos con los de la calle Carolinas, una transversal dos manzanas arriba.
Estas peleas eran contínuas. Les llamábamos "pedregás", y no sólo nos tirábamos piedras sino vidrios rotos y cualquier cosa que sirviera como proyectil. Allí me dí cuenta que, aunque a mí no me gustasen las peleas, yo era valiente. lo que me dio confianza y seguridad para toda la vida.
Pero de lo que más disfrutábamos en verano, era de nustros baños en el Manzanares.
Desde la calle Topete al río, en Puerta de Hierro calculo que habría 4/5 kilometros.
Hoy todo está urbanizado pero en aquellos tiempos eran campos de trigo en su mayoría.
Nos quitábamos las camisetas por el calor, y desnudos de medio cuerpo arriba íbamos felices, sin saber que lo éramos, y radiantes para meternos en una poza que hacía allí el río que nos cubría y nos permitía nadar, lo que no podíamos hacer en el resto d e su curso porque el agua llegaba sólo hasta nuestras rodillas.
Después de una o dos horas volvíamos hambrientos y nos aliviábamos con las espigas de los trigales de los que al segundo aviso de las trompetas de los guardas huíamos
de sus tiros de sal,que llegaban sin dudar al tercer aviso.
Ya anticipé que Carrillo vivía allí, en el número 25. Aquella casa en sus bajos existía una peluquería que al poco tiempo se transformó en un club juvenil donde éramos admitidos todos los niños.
Era en reaslidad una fábrica de rojos comunistas, donde se inculcaba a los niños la inexistencia de Dios y otras barbaridades revolucionarias. Ni qué decir tiene que un día, cuando llegamos a casa diciendo lo que allí nos enseñaban, mi madre se indignó, insultándolos, para sus adentros con adjetivos irrepetibles, y prohibiéndonos taxativa y enérgica, no pisar por tal antro. Puedo asegurar que lo cumplimosd a rajatabla-
´Solamenta dos familias ibámos a Misa los domingos. La de Manolo Mampaso y nosotros-

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