CANTO A LA MUJER
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Todas las mujeres tienen algo sublime y grande sobre ellas, algo indefinible de lo que han sido dotadas y que jamás podremos comprender.
¿Como sino se entiende su deseo innato de ser madres, obviando el acto sexual, prescindiendo incluso de él, con las molestias que conllevan nueve meses de embarazo, y los peligros de un parto que en tiempos no muy lejanos llegaba a la muerte casi en un 25% de los casos.?
Y que. además, pasando cierto tiempo y olvidando lo pasado, quieren y piden volver a las andadas con nuevos partos, con nuevos niños, y con incremento de las molestias y dificultades que conlleva la crianza de un bebé.
Nosotros, los hombres, nunca podremos comprender a estas MUJERES con mayúscula, honestas y puras de solteras, honestas e inteligentes de casadas – sufridas y comprensivas en todo tiempo y circunstancias;- no podremos comprenderlas pero sí intuir algo indefinible y superior que en tiempos anteriores y todavía hoy, al aparecer una de ellas, los hombres nos inclinábamos en señal de respeto y besábamos sus manos.
Ya sé que hay también mujeres, con minúscula, deshonestas, que tiemblan de sexualidad cuando están a lado del hombre que desean y ven cercano su cumplimiento. Otras que engañan a sus maridos, y otras, las peores, que engañan a sus maridos y abandonan a sus hijos, huyendo para mejor satisfacer sus desordenados deseos. Pero éstas no son MUJERES, son mujeres, indignas y sin valor, con las que ningún hombre se queda, aunque sí, las utiliza.
Escribo esto, para que los jóvenes que me lean, sepan diferenciar y sobre todo acertar al elegir la compañera de su vida y madre de sus hijos, ya que les va la felicidad de toda una vida.
Yo tuve suerte al elegir, ayer 15 de Mayo de 2013 se cumplieron 59 años de mi matrimonio con una MUJER INIGUALABRE. Me casé el 15 de Mayo de 1954.
Antes de conocerla mucho le pedí a Dios, nuestro Señor, que me la enviara. Y así lo hizo. Tan perfecta, inteligente y bondadosa que de rodillas le doy gracias al Señor todos los días por hacerme el hombre mas rico y feliz del Universo.
A ti, lector amigo, te deseo lo mismo. Pídeselo también al Señor, como yo lo hice.
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