domingo, 19 de mayo de 2013


I


I Espejo mágico

 Baudelaire lo explica en El poema del
haschisch:

«La afición del hombre al infinito, una beatitud, un estado excepcional del espíritu y de los sentidos que puedo, sin exageración, llamar paradisíaco, una verdadera gracia, como un espejo mágico en el cual se invita al hombre a ser embellecido, es decir, tal como debería y podría ser; una especie de excitación angélica».

El poeta habla de «una manifestación de la voluntad divina atenta a despertar en el espíritu del hombre el recuerdo dé las realidades invisibles Es tan imprevisto como un fantasma. Es una especie de obsesión, pero de obsesión intermitente de la que debemos extraer, si somos discretos, la certidumbre de una existencia mejor y la esperanza de alcanzarla por el diario ejercicio de la voluntad. El hombre ha tratado de encontrar en la ciencia física, en la farmacéutica, en los más groseros licores, en los perfumes más sutiles, bajo todos los climas y en todos los tiempos, los medios de huir aunque fuera por algunas horas de su habitáculo de fango [u..], de alcanzar el Paraíso de un solo golpe.

Ay, los vicios del hombre, por llenos de horror que se les suponga suministran la prueba de su afición al infinito, sólo que es una afición que a menudo equivoca el camino».



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