LA EDAD 10/9/19
===============
¡Cómo los años van pasando!
¡Con qué rapidez se pierde la juventud y se entra de lleno en
la madurez, en la sensatez!
¡Y que pronto se siente la vejez!
Los buenos recuerdos se sienten alejados cuando no olvidados.
Los días de vino y rosas se han marchitado, y sólo queda ir
disfrutando la vida que queda en paz, con alegría y esperanza
de estar subordinado a los ojos de nuestro Creador de que cuando llegue el momento
EL te reciba sonriente con los brazos abiertos y tú puedas decirle con amor ¡Señor
mío y Dios mío!
Dios mío te quiero, o al menos, quiero quererte.
No tengas en cuenta mis defectos, ni mis egoísmos, ni mi
falta de amor por algún familiar cercano que no me quiere.
No debiera pagarle con a misma moneda, sino darle afecto aunque
no lo merezca.
Es frecuente este desamor entre familiares “políticos”.
Las palabras “suegro” o “suegra” ya suenan mal.
Se soportan con educación, con comprensión, con amor real.
¡Dios mío y Señor mío!
Sabes que quiero quererte. No tengas en cuenta mis defectos,
ni mis pecados, ni mi falta de entrega y amor.
Ten en cuenta que no somos ángeles sino ”terrestres”
orgullosos insoportables.
¡No sé cómo nos aguantas!
¡Porque estúpidos sí que somos estúpidos!
Nos creemos “alguien”.
Y al momento dejamos de respirar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario