DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
·DE NUEVO
ALICANTE 11-2-17 (ampliado)
Debería ser allá por el año 1930 a mediados.
Nos trasladamos de nuevo a Alicante donde estuvimos otro año
aproximadamente. Seguramente mi padre, que era un trotamundos estaba en todo
momento a disposición de su Empresa, la Compañía Telefónica. que lo utilizaba a
su conveniencia.
No tengo muchos recuerdos de este período. Sé que fuimos a
vivir al nº 50 , un primer piso de la calle Quintana, muy céntrica paralela a
la Avenida de Alfonso El Sabio.
Enfrente, hay todavía un solar, donde se instalaba la feria
con sus caballitos, carruseles, y demás casetas anuales.
Una de las plazas más amplias y bonitas de la ciudad es la de
los Luceros que el viajero encuentra al término de la calle de la Estación.
Lucen en ellas cuatro caballos de una belleza espléndida.
Como al “rojerío” no le gusta eso de “Los Luceros”,
querían cambiar su nombre por el de “Los Cavals”, (caballos en valenciano”). ¡
Cuánta gilipollez tenemos que aguantar!
También querían cambiar el nombre de un barrio entero
de casas baratas que hizo Franco, que se llama barrio de la División azul, por
otro, para que se olvidase quién lo hizo.
Los vecinos que allí viven no lo consintieron.
Es lo mismo que ahora quieren sacar a Franco del Valle
de los Caídos. No saben estos ignorantes que Franco descansa en un panteón de
dos tumbas junto a su mujer, Carmen Polo, en un pueblo de Madrid.
Continué yendo a los Maristas. Allí tuve una anécdota
que deseo comentar.
Asistía ese año
a la quinta clase. El profesor me sacó a la pizarra y escribió una raíz
cuadrada para que ante todos la resolviese.
Era la primera vez que había visto u oído que existían raíces
cuadradas. Ante mi ignorancia, sin ton ni son, me dio una bofetada.
Es el castigo más injusto e indignante que he recibido en mi
vida. Nadie más me ha vuelto a tocar un pelo.
Estos hombres que se dedican a la enseñanza y son tan buena
gente, no pueden evitar que se cuelen entre ellos personas indignas, amargadas,
o quizás que ocultan sus inclinaciones sexuales, y su desequilibrio interior lo
pagan con lo primero que encuentran.
Conté lo sucedido en casa, y mi padre, que nunca me dijo
nada, fue a hablar con el Superior del Colegio, quien le aseguró que ya había
tenido otras quejas similares.
Lo cierto es que al segundo o tercer día desapareció ese
miserable y nunca más volví a verlo.
Ya de mayor, pensé que su amargura y cabreo era por ser
maricón perdido.
Se me olvidaba decir que por entonces se construyó la Plaza
de Los Luceros, y recuerdo que por las zanjas que para ello se hicieron, jugábamos
los chiquillos al escondite.
Ya sólo me queda comentar que en la playa del Postiguet, que
está dentro de la ciudad, y que es inmejorable porque no reviste peligro
alguno, había cuatro o cinco balnearios, que se adentraban en la mar unos 60/80
metros.
Tenían casetas que, alquilaban, donde se guardaba la ropa y
unas escalerillas, cada una de ellas, por las que te ponías a nadar. Al final,
todas, tenían un café restaurante.
No sé el motivo por el que las eliminaron.
Como anécdota, comentaré que algunos miraban por los agujeros
que algunas tenían. Siempre hay idiotas.
La Tía Tonica, una parienta nuestra, (se comenta en la familia) casi le saca un
ojo a un mirón, con un largo alfiler que introdujo por el agujero, y que fue respondido con un
dolorido grito.
Vivir entonces en Alicante era un regalo de Dios.
Vivir ahora, lo es también.
Su clima es seguramente el mejor del mundo.
Más adelante comentaré por qué he vuelto a esta ciudad, donde
resido hace más de 60 años.
Ah! Ya lo conté hace algún tiempo.
El 14 de Abril de 1931 se estableció en España la República.
El rey que había nacido en Roma se fue allí a vivir.
No fueron mayoría pero los “republicanos” – que eran la masa
chillona proclamaron antes de terminar el recuento que “habían ganado”, y así
fue en realidad.
Había ganado el “populacho inculto, hambriento y vociferante”
esperando su inmediata redención.
La realidad no fue así, porque donde hay incultura, odio y miseria, no puede surgir de la noche a la
mañana abundancia y bienestar.
Ya conté lo que ahora vuelvo a decir:
A los tres meses de la
República, las masas incultas y comunistas iniciaron las quemas de las
iglesias y el odio a los curas y a la religión católica.
Nosotros que vivíamos cerca de la iglesia de los Salesianos,
por encima de las casas se divisaba el resplandor de las llamas.
No olvidaré nunca la cara de mi madre en aquel momento. Por
su rostro corrían, sin cesar, y en silencio abundantes lágrimas que me causaron
profunda impresión. ¡Nunca en mi larga
vida olvidé aquellas lágrimas!
Ni tampoco mi repugnancia por aquellos miserables que las
ocasionaron.
Lucharé siempre para que aquello no se repita.
Hay un gran peligro con los de PODEMOS, que se presentan como “salvadores”, y lo único que pueden salvar es
su bolsillo particular, ya que donde no hay talento ni dinero, no se puede
crear riqueza ni mejorar la situación de los demás.
Escucha bien esto, “joven progresista”. Deja ya de ser un
estúpido gilipollas.
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