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Es el último COLOMBRES
6/2/17
Ayuntamiento al este de Asturias, limítrofe con la provincia
de Santander.
Allí me criaron hasta los 7 años que a mi padre, empleado de
la Cñía Telefónica Nacional de España, lo trasladaron como Jefe de Red a
Alicante.
Mi abuela era rica de nacimiento pero sus padres murieron muy
pronto y se hizo cargo de ella para criarla el herrero del pueblo, que,
después, como pago, se quedó con media casa solariega.
Mi madre no se hablaba con ellos.
Yo los odiaba. Tenía 6 años. Cuando tenía 2 años, mi tío Tino
me montó en el borrico y dijo no te menees para que te vea tu madre. Cuando mi
madre salió para verme yo estaba en el suelo con un brazo roto.
Aunque parezca mentira tengo una ligera idea de ello. Allí
fui por primera vez a la escuela. Recuerdo que el maestro que me parecía y hoy
me lo sigue pareciendo un santo, comenzaba la clase haciendo la señal de la
cruz y rezando un Padrenuestro. Debía yo ser listo, porque él, que estaba
frente a nosotros hacía la señal de la cruz santigüandose al revés. Y pensaba
yo “ lo hace mal.” Ya de mayor comprendí el
porqué lo hacía así.
Mi tío Antonio, que era 6 años mayor hacía novillos, y a
través de la ventana de la escuela lo veía a lo lejos con otros compinches
jugando a las canicas lo que a mí me parecía mal.
El pobre lo pasó muy mal en la guerra civil. Como era monaguillo, los rojos-republicanos se lo
llevaron de cárcel en cárcel hasta el puerto de Gijón, y tuvo suerte porque uno
de los asesinos era de Colombres y le dijo “quédate atrás, sácate los
calzoncillos y “pásate” a Oviedo , que estaba con Franco. Y así lo hizo
salvando la vida.
También recuerdo que nosotros vivíamos en la “casa vieja”,
lateral con la nueva.
De una a otra se pasaba por la cuadra donde rumiaban 5 o 6
vacas. Mí tío Tino las ordeñaba, y al pasar mi hermano Fonso y yo por la
cuadra, nos mojaba, nosotros huyendo, con chorros de leche directamente de las
vacas. Ante nuestros gritos las
risotadas de Tino eran sonoras.
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