domingo, 19 de febrero de 2017

MELILLA        19-2-2007
En el año 1943 fui llamado a filas.  El Padre Arregi, de la Congregación Mariana, sin haber hablado conmigo, me dijo que iría destinado a Artillería. ¡Bueno, pensé.! Pero en el sorteo me tocó África, y fui destinado al Batallón de Transmisiones 10, de Melilla, que era de lo mejorcito para ir allá. Sin duda la recomendación del Padre tuvo algo que ver en tan buen destino.
Tardamos dos días  en llegar a Málaga hacinados en  vagones de carga  del ferrocarril, con múltiples paradas, para dejar paso a los trenes de viajeros, y con latas de sardinas por todo alimento.
Toda una noche en el barco. Nos hacinaron en el vientre del barco con un calor insoportable, del que hui escapando a cubierta, donde, al contrario, hacía frío. No teníamos mantas ni más ropa que la puesta.
Pero tenía 20 años. Bendita edad que todo lo aguanta.
Debido al eminente desembarco americano se temía que pudieran hacerlo en suelo del Protectorado, y nos juntamos allí 1.000.000 de hombres dispuestos a impedirlo.
Sin duda por ser Profesor Mercantil me hicieron enseguida Cabo, y me destinaron a la Primera Oficina.
Las comidas eran buenas y abundantes. Todos los Jueves y Domingos nos hacían Paella de Primer plato y Huevos fritos de segundo. Y el trato, dentro de lo que es la disciplina militar era bueno. Excepto con el Sargento “Pinchauvas” que daba  bofetadas a diestro y siniestro. Nunca supe su verdadero nombre.
Cuando pasado un año, fui por primera vez de permiso a casa – mis padres vivían de nuevo en Alicante – me encontré que las comidas eran ínfimas, malas y escasas, (eran los años del hambre, posteriores a la guerra civil -) y me sentí un hombre con mucha suerte por haber sido movilizado.
Tenía cierto complejo por haber engordado 8/9 kilos en dicho año.
Estaba harto de trabajar 10 horas en el Banco y dos o tres más hasta que alcancé el Título, por lo que me propuse no dar golpe, allí en Melilla.
Cobraba el 50% del sueldo del Banco, y me daban de comer gratis. Me consideraba rico, y además vivía como un Rajá.
El Coronel Jefe del Batallón era una buena persona, pero era un “militar”. No puedo explicar cómo son.
Son militares. El Superior siempre tiene razón (aunque no la tenga).
Pude ascender a Sargento y después ir a la Academia de Oficiales, (así se me llegó a indicar), pero lo deseché, sin dudarlo.
Nunca iría a un sitio donde pierdes la personalidad.
Melilla es una ciudad acogedora, parecida a Alicante. (El clima es bueno también parecido)-
Pero pasado un tiempo, no tienes más horizonte que el licenciamiento, y éste no llegaba. Tardó tres años.
Tres años en que sentí como preso. Realmente lo era porque había perdido mi libertad.
Pasados muchos años pensé que aquél Gobierno nos retenía no por motivos militares sino para darnos de comer, y evitar tumultos, dada la hambruna de aquéllos años posteriores al conflicto civil.
Pero como todo llega, llegó el licenciamiento y comencé de nuevo la vida en Alicante, con mis padres, como otro día contaré.
Como siempre os deseo lo mejor. Lo mejor es vivir cerca de Dios sin trampas ni cartón.
Adiós.


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