VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHVALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
VALLADOLID
===========.
En plena guerra, en el
mes Julio de 1937, trasladaron a mi padre a Valladolid. Allí estaba la
dirección general de la Cñía Telefónica, en la zona Nacional regida por el
Caudillo.
Embarcamos en Las Palmas, en un barco El Romeu que hacía 8
millas por hora, y con escala en Santa Cruz de Tenerife, arribamos después de 8
días al puerto de Vigo.
Se debió tanta tardanza, - aparte de la lentitud del barco,-
a que al llegar a aguas peninsulares se desvió alejado de las aguas de Portugal,
para evitar la escuadra de la zona roja, perdón, republicana, que patrullaba
por aquellas aguas.
Un detalle importante de la travesía fue la espesa niebla que
atravesamos. Nosotros, jóvenes, habíamos hecho amistad con el timonel del
barco, y nos extrañó el miedo que reflejaba su rostro, al oír el estruendo intermitente de nuestro barco y el
de otro que parecía cercano por los que se avisaban mutuamente de su posición.
No era para menos. Cuando la niebla se levantó, vimos el otro
barco, a menos de 100 metros. Respiramos todos.
Al descender del barco, en Vigo, aprovechamos mi hermano y
yo, para darnos un baño en el mar.
Nos helamos. Acostumbrados a las aguas de Canarias la
diferencia de temperatura era abismal.
Después de muchas horas de tren arribamos a Valladolid.
Como era su costumbre, mi padre alquiló un piso en el barrio
de la Plaza Circular, en la calle “14 Metros”
nº 27. La casa era nueva, sin estrenar, pero…. pero no tenía agua. Ninguna de
todo el barrio la tenía. Nos surtíamos de un pozo que había en el centro del
patio de agua para fregar, y para beber
en la fuente que hay en la Plaza Circular, a la que con entera normalidad
acudíamos todos los vecinos, haciendo cola. Hoy, no se puede comprender
aquello.
Mi padre marchó al frente de batalla, para arreglar las
líneas telefónicas que los cañones de las batallas iban destrozando. Nunca
sabré si el traslado desde Las Palmas a Valladolid fue a petición propia (dado
su espíritu aventurero) o porque se lo ordenó la Superioridad, a lo que no
podía negarse.
Yendo con mi madre por la ciudad, al pasar por el Banco
Hispano Americano (que en aquél momento era el primer Banco de España) le
pregunte: ¿Por qué no pasamos y preguntamos si me podrían admitir a trabajar?.
Así lo hicimos obteniendo una negativa.
Volviendo a casa, al cruzar la esquina donde todavía hoy
estaba Banesto (hoy Banco de Santander) entramos con el mismo fin. Después de
unos minutos de espera, el empleado a quien nos dirigimos nos dijo “Venga
mañana a trabajar”.
Ese mañana fue el 23 de Octubre de 1937.
No había cumplido todavía los l6 años, y en aquel Banco estuve
42 años de mi vida.
Lo hicimos el primer Banco de España, hasta que un pobre
hombre se encaramó a su cúspide y lo arruinó. ¿Cómo Dios permite la existencia
de estos engendros?.
Cortos meses después me matriculé por libre en la Escuela de
Comercio y con muchos sacrificios, conseguí el título de Profesor Mercantil,
todas las asignaturas con Notable y una con Matrícula de Honor (Legislación
Mercantil).
En el Banco me destinaron al negociado de Cartera (todo lo
que tiene que ver con las letras de cambio).
El Jefe, Valentín Martín Casado, era un santo y lo recuerdo
con mucho cariño. No había sido movilizado por ser muy necesario en la
retaguardia.
Todos los días, al salir del Banco, íbamos una iglesia a
rezar unos minutos. No era fraile, pero tenía una fé total en Dios y una
conducta superior a muchos con hábitos.
A mí su ejemplo me transformó para toda mi vida.
Estoy seguro que Dios, nuestro Señor, le ha acogido en su
Gloria.
Cerca de la Universidad está o estaba la Congregación
Mariana. Un Jesuita de buena familia que había invertido, según se decía, 4
millones de pesetas en ella. Contaba con cine, sala de billares y juegos, y una
biblioteca imponente, de gran capacidad, siempre llena de estudiantes.
Me hice Congregante y participé activamente en ella.
Muchas horas consumí allí hasta que me hice Profesor
Mercantil.
Continué siendo de las juventudes falangistas, hasta que un
día, llegó un chico un poco tarde a la reunión, y por ello CHUCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
UCHI, le hizo beber un vaso de aceite de
ricino. Pensé, algún día, si sigo, me tocará mí, y poco a poco nunca más asistí
a ninguna reunión.
A pesar que José Antonio perseguía la redención de los pobres,
como se puede ver en los Puntos de la Falange. ¡Cómo le pagaron!.
Chuchi Fragoso del Toro,(el del ricino) tenía muchos hijos, y
Franco le premió varias veces como “Familia Numerosa” lo que hacía para
aumentar la natalidad.
Allí estuve cinco años, viviendo más bien pobremente, aunque
sin pasar hambre como tantos que si la pasaron debido a la ruina de la maldita
guerra civil, que duró tres años y nos dejó a todos, negros y blancos en la más
espantosa miseria.
Huir de PODEMOS. Se presentan con cara de ángel y son un gran
peligro de volver a las andadas del siglo pasado.
Huir, Huir, y Huir.
En 1943 me llamaron a filas. Fui destinado a Melilla.
Ya lo contaré otro día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario