LAS PALMAS DE GRAN CANARIA 15-2-17
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Corría el año 1934.- Como antes dije vivíamos en el barrio de
Cuatro Caminos, en Madrid.
A mi padre, empleado de la Telefónica con sueldo de 60 duros
al mes, le fue ofrecido su traslado a Las Palmas con aumento de 5 duros, es
decir, 65 euros al mes. Todavía hoy parece una ridiculez.
No lo dudó. Nos embarcamos en el “Ciudad de Cádiz” y en 48
horas nos dejó en la ciudad.
Como de costumbre alquiló la primera casa que encontró
situada junto al mar, no muy alejada del centro de la ciudad. Las olas casi golpeaban
sus muros. Nos divertía mucho jugar allí en la bajamar y buscar pulpos bajo las
piedras.
Lo que no sabía mi padre es que en aquella calle había
algunas casas de prostitución.
Recuerdo a María del Pino, una simpática y rellena madurita,
que debió años atrás destacar por su atractiva imagen.
Era una buena persona, aparte de su oficio.
Yo seguí mis estudios de Perito Mercantil en la Escuela de
Comercio, situada en una calle paralela al río seco. Seco casi todo el año,
menos cuando se enfadaba y arrasaba todo lo que encontraba.
Me llamaba mucho la atención que el profesor de Primeras
Materias, se subiese a la guagua – así es como llaman a los autobuses de
transporte de viajeros – para un trayecto no mayor de 300 metros.
Entonces comprendí lo del “aplatanamiento”.
Al llegar un grupo de unos 5 chicos de nuestra edad desde
lejos se metieron con nosotros, por ser “peninsulares”. Como éramos
semigolfillos, chulitos de Madrid y fogueados en peleas de Cuatro Caminos
dijimos: ¿Vamos a por ellos?. Y así lo hicimos. Ni que decir tiene que al
vernos tan decididos se acobardaron como conejos asustados.
Pasado algún tiempo, huyendo de la calle nos trasladamos a
otra situada muy céntrica, y después a una tercera cercana a la Escuela de
Comercio que tenía cuarto de baño y demás comodidades que hoy casi todas
tienen, pero entonces no.
Vivíamos bien y abundantemente. Recuerdo que, en bicicleta,
mi madre me mandaba al mercado para comprar merluza. Su precio era de 1 peseta
el kilo, pero a mí, como cliente, me costaba tan sólo 90 céntimos.
Casi todas las tardes iba a la biblioteca municipal, y me
tragaba y deglutía libros y libros de todas clases.
Alguno cayó en mis manos no apto para mi edad.
La situación política en aquellos años era caótica.
Huelgas y más huelgas. Manifestación tras manifestación.
Gritos. Puños Cerrados. Odio, odio, y más odio.
Alguien tenía que venir para poner orden y arreglar aquella
caótica situación de miseria y hambre, y que ya Goya reflejó perfectamente en su
famoso cuadro.
Mi padre nos compró sendas bicicletas. La mía era preciosa,
una “Colonial Club” inglesa, de la que no me bajaba,
Nos bañábamos en la playa de “Las Alcarabaneras” de aguas calientes
y protegida por el puerto, y casi nunca en la de “Las Canteras” que no tiene
esa protección y el agua está más fría.
Y allí nos cogió lo que tenía que venir.
Alguien que pusiera orden en tan desordenada situación. Y fue
Franco. Por eso la mitad de España le recibió con los brazos abiertos, y en
especial la Iglesia perseguida con un rencor incomprensible.
Al principio llevaban a Franco bajo palio, como un santo. Y
no era para menos ya que peligraba la vida de todo lo que oliera a religioso.
No hay que olvidar que el Comunismo odia todas las
Religiones. Y ojo y mucho cuidado con el actual PODEMOS,
comunistas que volverían a las andadas de conseguir lo que hasta ahora son ocultos propósitos. Repito: “Cuidado”
y “Cuidado”.
Hubo al principio algunos, pocos, “paseados”.
Pero cuando las nuevas Autoridades se impusieron
el orden fue total, en todos los aspectos.
Parece ser, “se rumoreaba”, que Masmano y algún otro
sindicalista los embarcaron para la Península adonde nunca llegaron.
Éramos muy jóvenes y
alejados de toda política.
Un día , en la playa, se comentó que buscaban ciclistas las
nuevas autoridades paran formar un grupo como los “Balillas” en Italia. “Alguien
dijo, Vamos? Y fuimos.
Era el 5 de Agosto de 1936. Cuando se tomaba una ciudad de la parte
republicana, siempre había un desfile para celebrarlo. Allí estábamos nosotros,
abriendo el desfile, que no sabíamos nada de política.
Y allí, en Las Palmas permanecimos hasta mediados Julio de 1937, que nos trasladamos a
Valladolid.
Guardo muy buen recuerdo de las gentes canarias.
¡Las buenas personas que son los canarios!-
Allí viví feliz. ¡Que Dios, nuestro Señor, dé paz y felicidad
a todos los que habitan en aquellas islas!
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Corría el año 1934.- Como antes dije vivíamos en el barrio de
Cuatro Caminos, en Madrid.
A mi padre, empleado de la Telefónica con sueldo de 60 duros
al mes, le fue ofrecido su traslado a Las Palmas con aumento de 5 duros, es
decir, 65 euros al mes. Todavía hoy parece una ridiculez.
No lo dudó. Nos embarcamos en el “Ciudad de Cádiz” y en 48
horas nos dejó en la ciudad.
Como de costumbre alquiló la primera casa que encontró
situada junto al mar, no muy alejada del centro de la ciudad. Las olas casi golpeaban
sus muros. Nos divertía mucho jugar allí en la bajamar y buscar pulpos bajo las
piedras.
Lo que no sabía mi padre es que en aquella calle había
algunas casas de prostitución.
Recuerdo a María del Pino, una simpática y rellena madurita,
que debió años atrás destacar por su atractiva imagen.
Era una buena persona, aparte de su oficio.
Yo seguí mis estudios de Perito Mercantil en la Escuela de
Comercio, situada en una calle paralela al río seco. Seco casi todo el año,
menos cuando se enfadaba y arrasaba todo lo que encontraba.
Me llamaba mucho la atención que el profesor de Primeras
Materias, se subiese a la guagua – así es como llaman a los autobuses de
transporte de viajeros – para un trayecto no mayor de 300 metros.
Entonces comprendí lo del “aplatanamiento”.
Al llegar un grupo de unos 5 chicos de nuestra edad desde
lejos se metieron con nosotros, por ser “peninsulares”. Como éramos
semigolfillos, chulitos de Madrid y fogueados en peleas de Cuatro Caminos
dijimos: ¿Vamos a por ellos?. Y así lo hicimos. Ni que decir tiene que al
vernos tan decididos se acobardaron como conejos asustados.
Pasado algún tiempo, huyendo de la calle nos trasladamos a
otra situada muy céntrica, y después a una tercera cercana a la Escuela de
Comercio que tenía cuarto de baño y demás comodidades que hoy casi todas
tienen, pero entonces no.
Vivíamos bien y abundantemente. Recuerdo que, en bicicleta,
mi madre me mandaba al mercado para comprar merluza. Su precio era de 1 peseta
el kilo, pero a mí, como cliente, me costaba tan sólo 90 céntimos.
Casi todas las tardes iba a la biblioteca municipal, y me
tragaba y deglutía libros y libros de todas clases.
Alguno cayó en mis manos no apto para mi edad.
La situación política en aquellos años era caótica.
Huelgas y más huelgas. Manifestación tras manifestación.
Gritos. Puños Cerrados. Odio, odio, y más odio.
Alguien tenía que venir para poner orden y arreglar aquella
caótica situación de miseria y hambre, y que ya Goya reflejó perfectamente en su
famoso cuadro.
Mi padre nos compró sendas bicicletas. La mía era preciosa,
una “Colonial Club” inglesa, de la que no me bajaba,
Nos bañábamos en la playa de “Las Alcarabaneras” de aguas calientes
y protegida por el puerto, y casi nunca en la de “Las Canteras” que no tiene
esa protección y el agua está más fría.
Y allí nos cogió lo que tenía que venir.
Alguien que pusiera orden en tan desordenada situación. Y fue
Franco. Por eso la mitad de España le recibió con los brazos abiertos, y en
especial la Iglesia perseguida con un rencor incomprensible.
Al principio llevaban a Franco bajo palio, como un santo. Y
no era para menos ya que peligraba la vida de todo lo que oliera a religioso.
No hay que olvidar que el Comunismo odia todas las
Religiones. Y ojo y mucho cuidado con el actual PODEMOS,
comunistas que volverían a las andadas de conseguir lo que hasta ahora son ocultos propósitos. Repito: “Cuidado”
y “Cuidado”.
Hubo al principio algunos, pocos, “paseados”.
Pero cuando las nuevas Autoridades se impusieron
el orden fue total, en todos los aspectos.
Parece ser, “se rumoreaba”, que Masmano y algún otro
sindicalista los embarcaron para la Península adonde nunca llegaron.
Éramos muy jóvenes y
alejados de toda política.
Un día , en la playa, se comentó que buscaban ciclistas las
nuevas autoridades paran formar un grupo como los “Balillas” en Italia. “Alguien
dijo, Vamos? Y fuimos.
Era el 5 de Agosto de 1936. Cuando se tomaba una ciudad de la parte
republicana, siempre había un desfile para celebrarlo. Allí estábamos nosotros,
abriendo el desfile, que no sabíamos nada de política.
Y allí, en Las Palmas permanecimos hasta mediados Julio de 1937, que nos trasladamos a
Valladolid.
Guardo muy buen recuerdo de las gentes canarias.
¡Las buenas personas que son los canarios!-
Allí viví feliz. ¡Que Dios, nuestro Señor, dé paz y felicidad
a todos los que habitan en aquellas islas!
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Corría el año 1934.- Como antes dije vivíamos en el barrio de
Cuatro Caminos, en Madrid.
A mi padre, empleado de la Telefónica con sueldo de 60 duros
al mes, le fue ofrecido su traslado a Las Palmas con aumento de 5 duros, es
decir, 65 euros al mes. Todavía hoy parece una ridiculez.
No lo dudó. Nos embarcamos en el “Ciudad de Cádiz” y en 48
horas nos dejó en la ciudad.
Como de costumbre alquiló la primera casa que encontró
situada junto al mar, no muy alejada del centro de la ciudad. Las olas casi golpeaban
sus muros. Nos divertía mucho jugar allí en la bajamar y buscar pulpos bajo las
piedras.
Lo que no sabía mi padre es que en aquella calle había
algunas casas de prostitución.
Recuerdo a María del Pino, una simpática y rellena madurita,
que debió años atrás destacar por su atractiva imagen.
Era una buena persona, aparte de su oficio.
Yo seguí mis estudios de Perito Mercantil en la Escuela de
Comercio, situada en una calle paralela al río seco. Seco casi todo el año,
menos cuando se enfadaba y arrasaba todo lo que encontraba.
Me llamaba mucho la atención que el profesor de Primeras
Materias, se subiese a la guagua – así es como llaman a los autobuses de
transporte de viajeros – para un trayecto no mayor de 300 metros.
Entonces comprendí lo del “aplatanamiento”.
Al llegar un grupo de unos 5 chicos de nuestra edad desde
lejos se metieron con nosotros, por ser “peninsulares”. Como éramos
semigolfillos, chulitos de Madrid y fogueados en peleas de Cuatro Caminos
dijimos: ¿Vamos a por ellos?. Y así lo hicimos. Ni que decir tiene que al
vernos tan decididos se acobardaron como conejos asustados.
Pasado algún tiempo, huyendo de la calle nos trasladamos a
otra situada muy céntrica, y después a una tercera cercana a la Escuela de
Comercio que tenía cuarto de baño y demás comodidades que hoy casi todas
tienen, pero entonces no.
Vivíamos bien y abundantemente. Recuerdo que, en bicicleta,
mi madre me mandaba al mercado para comprar merluza. Su precio era de 1 peseta
el kilo, pero a mí, como cliente, me costaba tan sólo 90 céntimos.
Casi todas las tardes iba a la biblioteca municipal, y me
tragaba y deglutía libros y libros de todas clases.
Alguno cayó en mis manos no apto para mi edad.
La situación política en aquellos años era caótica.
Huelgas y más huelgas. Manifestación tras manifestación.
Gritos. Puños Cerrados. Odio, odio, y más odio.
Alguien tenía que venir para poner orden y arreglar aquella
caótica situación de miseria y hambre, y que ya Goya reflejó perfectamente en su
famoso cuadro.
Mi padre nos compró sendas bicicletas. La mía era preciosa,
una “Colonial Club” inglesa, de la que no me bajaba,
Nos bañábamos en la playa de “Las Alcarabaneras” de aguas calientes
y protegida por el puerto, y casi nunca en la de “Las Canteras” que no tiene
esa protección y el agua está más fría.
Y allí nos cogió lo que tenía que venir.
Alguien que pusiera orden en tan desordenada situación. Y fue
Franco. Por eso la mitad de España le recibió con los brazos abiertos, y en
especial la Iglesia perseguida con un rencor incomprensible.
Al principio llevaban a Franco bajo palio, como un santo. Y
no era para menos ya que peligraba la vida de todo lo que oliera a religioso.
No hay que olvidar que el Comunismo odia todas las
Religiones. Y ojo y mucho cuidado con el actual PODEMOS,
comunistas que volverían a las andadas de conseguir lo que hasta ahora son ocultos propósitos. Repito: “Cuidado”
y “Cuidado”.
Hubo al principio algunos, pocos, “paseados”.
Pero cuando las nuevas Autoridades se impusieron
el orden fue total, en todos los aspectos.
Parece ser, “se rumoreaba”, que Masmano y algún otro
sindicalista los embarcaron para la Península adonde nunca llegaron.
Éramos muy jóvenes y
alejados de toda política.
Un día , en la playa, se comentó que buscaban ciclistas las
nuevas autoridades paran formar un grupo como los “Balillas” en Italia. “Alguien
dijo, Vamos? Y fuimos.
Era el 5 de Agosto de 1936. Cuando se tomaba una ciudad de la parte
republicana, siempre había un desfile para celebrarlo. Allí estábamos nosotros,
abriendo el desfile, que no sabíamos nada de política.
Y allí, en Las Palmas permanecimos hasta mediados Julio de 1937, que nos trasladamos a
Valladolid.
Guardo muy buen recuerdo de las gentes canarias.
¡Las buenas personas que son los canarios!-
Allí viví feliz. ¡Que Dios, nuestro Señor, dé paz y felicidad
a todos los que habitan en aquellas islas!
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Corría el año 1934.- Como antes dije vivíamos en el barrio de
Cuatro Caminos, en Madrid.
A mi padre, empleado de la Telefónica con sueldo de 60 duros
al mes, le fue ofrecido su traslado a Las Palmas con aumento de 5 duros, es
decir, 65 euros al mes. Todavía hoy parece una ridiculez.
No lo dudó. Nos embarcamos en el “Ciudad de Cádiz” y en 48
horas nos dejó en la ciudad.
Como de costumbre alquiló la primera casa que encontró
situada junto al mar, no muy alejada del centro de la ciudad. Las olas casi golpeaban
sus muros. Nos divertía mucho jugar allí en la bajamar y buscar pulpos bajo las
piedras.
Lo que no sabía mi padre es que en aquella calle había
algunas casas de prostitución.
Recuerdo a María del Pino, una simpática y rellena madurita,
que debió años atrás destacar por su atractiva imagen.
Era una buena persona, aparte de su oficio.
Yo seguí mis estudios de Perito Mercantil en la Escuela de
Comercio, situada en una calle paralela al río seco. Seco casi todo el año,
menos cuando se enfadaba y arrasaba todo lo que encontraba.
Me llamaba mucho la atención que el profesor de Primeras
Materias, se subiese a la guagua – así es como llaman a los autobuses de
transporte de viajeros – para un trayecto no mayor de 300 metros.
Entonces comprendí lo del “aplatanamiento”.
Al llegar un grupo de unos 5 chicos de nuestra edad desde
lejos se metieron con nosotros, por ser “peninsulares”. Como éramos
semigolfillos, chulitos de Madrid y fogueados en peleas de Cuatro Caminos
dijimos: ¿Vamos a por ellos?. Y así lo hicimos. Ni que decir tiene que al
vernos tan decididos se acobardaron como conejos asustados.
Pasado algún tiempo, huyendo de la calle nos trasladamos a
otra situada muy céntrica, y después a una tercera cercana a la Escuela de
Comercio que tenía cuarto de baño y demás comodidades que hoy casi todas
tienen, pero entonces no.
Vivíamos bien y abundantemente. Recuerdo que, en bicicleta,
mi madre me mandaba al mercado para comprar merluza. Su precio era de 1 peseta
el kilo, pero a mí, como cliente, me costaba tan sólo 90 céntimos.
Casi todas las tardes iba a la biblioteca municipal, y me
tragaba y deglutía libros y libros de todas clases.
Alguno cayó en mis manos no apto para mi edad.
La situación política en aquellos años era caótica.
Huelgas y más huelgas. Manifestación tras manifestación.
Gritos. Puños Cerrados. Odio, odio, y más odio.
Alguien tenía que venir para poner orden y arreglar aquella
caótica situación de miseria y hambre, y que ya Goya reflejó perfectamente en su
famoso cuadro.
Mi padre nos compró sendas bicicletas. La mía era preciosa,
una “Colonial Club” inglesa, de la que no me bajaba,
Nos bañábamos en la playa de “Las Alcarabaneras” de aguas calientes
y protegida por el puerto, y casi nunca en la de “Las Canteras” que no tiene
esa protección y el agua está más fría.
Y allí nos cogió lo que tenía que venir.
Alguien que pusiera orden en tan desordenada situación. Y fue
Franco. Por eso la mitad de España le recibió con los brazos abiertos, y en
especial la Iglesia perseguida con un rencor incomprensible.
Al principio llevaban a Franco bajo palio, como un santo. Y
no era para menos ya que peligraba la vida de todo lo que oliera a religioso.
No hay que olvidar que el Comunismo odia todas las
Religiones. Y ojo y mucho cuidado con el actual PODEMOS,
comunistas que volverían a las andadas de conseguir lo que hasta ahora son ocultos propósitos. Repito: “Cuidado”
y “Cuidado”.
Hubo al principio algunos, pocos, “paseados”.
Pero cuando las nuevas Autoridades se impusieron
el orden fue total, en todos los aspectos.
Parece ser, “se rumoreaba”, que Masmano y algún otro
sindicalista los embarcaron para la Península adonde nunca llegaron.
Éramos muy jóvenes y
alejados de toda política.
Un día , en la playa, se comentó que buscaban ciclistas las
nuevas autoridades paran formar un grupo como los “Balillas” en Italia. “Alguien
dijo, Vamos? Y fuimos.
Era el 5 de Agosto de 1936. Cuando se tomaba una ciudad de la parte
republicana, siempre había un desfile para celebrarlo. Allí estábamos nosotros,
abriendo el desfile, que no sabíamos nada de política.
Y allí, en Las Palmas permanecimos hasta mediados Julio de 1937, que nos trasladamos a
Valladolid.
Guardo muy buen recuerdo de las gentes canarias.
¡Las buenas personas que son los canarios!-
Allí viví feliz. ¡Que Dios, nuestro Señor, dé paz y felicidad
a todos los que habitan en aquellas islas!
==========================
Corría el año 1934.- Como antes dije vivíamos en el barrio de
Cuatro Caminos, en Madrid.
A mi padre, empleado de la Telefónica con sueldo de 60 duros
al mes, le fue ofrecido su traslado a Las Palmas con aumento de 5 duros, es
decir, 65 euros al mes. Todavía hoy parece una ridiculez.
No lo dudó. Nos embarcamos en el “Ciudad de Cádiz” y en 48
horas nos dejó en la ciudad.
Como de costumbre alquiló la primera casa que encontró
situada junto al mar, no muy alejada del centro de la ciudad. Las olas casi golpeaban
sus muros. Nos divertía mucho jugar allí en la bajamar y buscar pulpos bajo las
piedras.
Lo que no sabía mi padre es que en aquella calle había
algunas casas de prostitución.
Recuerdo a María del Pino, una simpática y rellena madurita,
que debió años atrás destacar por su atractiva imagen.
Era una buena persona, aparte de su oficio.
Yo seguí mis estudios de Perito Mercantil en la Escuela de
Comercio, situada en una calle paralela al río seco. Seco casi todo el año,
menos cuando se enfadaba y arrasaba todo lo que encontraba.
Me llamaba mucho la atención que el profesor de Primeras
Materias, se subiese a la guagua – así es como llaman a los autobuses de
transporte de viajeros – para un trayecto no mayor de 300 metros.
Entonces comprendí lo del “aplatanamiento”.
Al llegar un grupo de unos 5 chicos de nuestra edad desde
lejos se metieron con nosotros, por ser “peninsulares”. Como éramos
semigolfillos, chulitos de Madrid y fogueados en peleas de Cuatro Caminos
dijimos: ¿Vamos a por ellos?. Y así lo hicimos. Ni que decir tiene que al
vernos tan decididos se acobardaron como conejos asustados.
Pasado algún tiempo, huyendo de la calle nos trasladamos a
otra situada muy céntrica, y después a una tercera cercana a la Escuela de
Comercio que tenía cuarto de baño y demás comodidades que hoy casi todas
tienen, pero entonces no.
Vivíamos bien y abundantemente. Recuerdo que, en bicicleta,
mi madre me mandaba al mercado para comprar merluza. Su precio era de 1 peseta
el kilo, pero a mí, como cliente, me costaba tan sólo 90 céntimos.
Casi todas las tardes iba a la biblioteca municipal, y me
tragaba y deglutía libros y libros de todas clases.
Alguno cayó en mis manos no apto para mi edad.
La situación política en aquellos años era caótica.
Huelgas y más huelgas. Manifestación tras manifestación.
Gritos. Puños Cerrados. Odio, odio, y más odio.
Alguien tenía que venir para poner orden y arreglar aquella
caótica situación de miseria y hambre, y que ya Goya reflejó perfectamente en su
famoso cuadro.
Mi padre nos compró sendas bicicletas. La mía era preciosa,
una “Colonial Club” inglesa, de la que no me bajaba,
Nos bañábamos en la playa de “Las Alcarabaneras” de aguas calientes
y protegida por el puerto, y casi nunca en la de “Las Canteras” que no tiene
esa protección y el agua está más fría.
Y allí nos cogió lo que tenía que venir.
Alguien que pusiera orden en tan desordenada situación. Y fue
Franco. Por eso la mitad de España le recibió con los brazos abiertos, y en
especial la Iglesia perseguida con un rencor incomprensible.
Al principio llevaban a Franco bajo palio, como un santo. Y
no era para menos ya que peligraba la vida de todo lo que oliera a religioso.
No hay que olvidar que el Comunismo odia todas las
Religiones. Y ojo y mucho cuidado con el actual PODEMOS,
comunistas que volverían a las andadas de conseguir lo que hasta ahora son ocultos propósitos. Repito: “Cuidado”
y “Cuidado”.
Hubo al principio algunos, pocos, “paseados”.
Pero cuando las nuevas Autoridades se impusieron
el orden fue total, en todos los aspectos.
Parece ser, “se rumoreaba”, que Masmano y algún otro
sindicalista los embarcaron para la Península adonde nunca llegaron.
Éramos muy jóvenes y
alejados de toda política.
Un día , en la playa, se comentó que buscaban ciclistas las
nuevas autoridades paran formar un grupo como los “Balillas” en Italia. “Alguien
dijo, Vamos? Y fuimos.
Era el 5 de Agosto de 1936. Cuando se tomaba una ciudad de la parte
republicana, siempre había un desfile para celebrarlo. Allí estábamos nosotros,
abriendo el desfile, que no sabíamos nada de política.
Y allí, en Las Palmas permanecimos hasta mediados Julio de 1937, que nos trasladamos a
Valladolid.
Guardo muy buen recuerdo de las gentes canarias.
¡Las buenas personas que son los canarios!-
Allí viví feliz. ¡Que Dios, nuestro Señor, dé paz y felicidad
a todos los que habitan en aquellas islas!
==========================
Corría el año 1934.- Como antes dije vivíamos en el barrio de
Cuatro Caminos, en Madrid.
A mi padre, empleado de la Telefónica con sueldo de 60 duros
al mes, le fue ofrecido su traslado a Las Palmas con aumento de 5 duros, es
decir, 65 euros al mes. Todavía hoy parece una ridiculez.
No lo dudó. Nos embarcamos en el “Ciudad de Cádiz” y en 48
horas nos dejó en la ciudad.
Como de costumbre alquiló la primera casa que encontró
situada junto al mar, no muy alejada del centro de la ciudad. Las olas casi golpeaban
sus muros. Nos divertía mucho jugar allí en la bajamar y buscar pulpos bajo las
piedras.
Lo que no sabía mi padre es que en aquella calle había
algunas casas de prostitución.
Recuerdo a María del Pino, una simpática y rellena madurita,
que debió años atrás destacar por su atractiva imagen.
Era una buena persona, aparte de su oficio.
Yo seguí mis estudios de Perito Mercantil en la Escuela de
Comercio, situada en una calle paralela al río seco. Seco casi todo el año,
menos cuando se enfadaba y arrasaba todo lo que encontraba.
Me llamaba mucho la atención que el profesor de Primeras
Materias, se subiese a la guagua – así es como llaman a los autobuses de
transporte de viajeros – para un trayecto no mayor de 300 metros.
Entonces comprendí lo del “aplatanamiento”.
Al llegar un grupo de unos 5 chicos de nuestra edad desde
lejos se metieron con nosotros, por ser “peninsulares”. Como éramos
semigolfillos, chulitos de Madrid y fogueados en peleas de Cuatro Caminos
dijimos: ¿Vamos a por ellos?. Y así lo hicimos. Ni que decir tiene que al
vernos tan decididos se acobardaron como conejos asustados.
Pasado algún tiempo, huyendo de la calle nos trasladamos a
otra situada muy céntrica, y después a una tercera cercana a la Escuela de
Comercio que tenía cuarto de baño y demás comodidades que hoy casi todas
tienen, pero entonces no.
Vivíamos bien y abundantemente. Recuerdo que, en bicicleta,
mi madre me mandaba al mercado para comprar merluza. Su precio era de 1 peseta
el kilo, pero a mí, como cliente, me costaba tan sólo 90 céntimos.
Casi todas las tardes iba a la biblioteca municipal, y me
tragaba y deglutía libros y libros de todas clases.
Alguno cayó en mis manos no apto para mi edad.
La situación política en aquellos años era caótica.
Huelgas y más huelgas. Manifestación tras manifestación.
Gritos. Puños Cerrados. Odio, odio, y más odio.
Alguien tenía que venir para poner orden y arreglar aquella
caótica situación de miseria y hambre, y que ya Goya reflejó perfectamente en su
famoso cuadro.
Mi padre nos compró sendas bicicletas. La mía era preciosa,
una “Colonial Club” inglesa, de la que no me bajaba,
Nos bañábamos en la playa de “Las Alcarabaneras” de aguas calientes
y protegida por el puerto, y casi nunca en la de “Las Canteras” que no tiene
esa protección y el agua está más fría.
Y allí nos cogió lo que tenía que venir.
Alguien que pusiera orden en tan desordenada situación. Y fue
Franco. Por eso la mitad de España le recibió con los brazos abiertos, y en
especial la Iglesia perseguida con un rencor incomprensible.
Al principio llevaban a Franco bajo palio, como un santo. Y
no era para menos ya que peligraba la vida de todo lo que oliera a religioso.
No hay que olvidar que el Comunismo odia todas las
Religiones. Y ojo y mucho cuidado con el actual PODEMOS,
comunistas que volverían a las andadas de conseguir lo que hasta ahora son ocultos propósitos. Repito: “Cuidado”
y “Cuidado”.
Hubo al principio algunos, pocos, “paseados”.
Pero cuando las nuevas Autoridades se impusieron
el orden fue total, en todos los aspectos.
Parece ser, “se rumoreaba”, que Masmano y algún otro
sindicalista los embarcaron para la Península adonde nunca llegaron.
Éramos muy jóvenes y
alejados de toda política.
Un día , en la playa, se comentó que buscaban ciclistas las
nuevas autoridades paran formar un grupo como los “Balillas” en Italia. “Alguien
dijo, Vamos? Y fuimos.
Era el 5 de Agosto de 1936. Cuando se tomaba una ciudad de la parte
republicana, siempre había un desfile para celebrarlo. Allí estábamos nosotros,
abriendo el desfile, que no sabíamos nada de política.
Y allí, en Las Palmas permanecimos hasta mediados Julio de 1937, que nos trasladamos a
Valladolid.
Guardo muy buen recuerdo de las gentes canarias.
¡Las buenas personas que son los canarios!-
Allí viví feliz. ¡Que Dios, nuestro Señor, dé paz y felicidad
a todos los que habitan en aquellas islas!
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